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Ondarea guztiona delako
 
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HERNANI 1936-1959
Violencia, Represión y Violación de los Derechos Humanos durante la Guerra Civil y el Primer Franquismo
Irati Zuriarrain Asurmendi, 2024

 

Usarraga Zapirain, Marcelino

 

 

         Nacido en Hernani el 15 de mayo de 1925. Hijo de Carmen Zapirain Zuaznabar y Policarpo Usarraga Garrillon. Explica las vivencias de la Guerra Civil. Él y sus familiares tuvieron que abandonar Hernani: Primero a Bilbao y después a Santander. El padre y el hermano mayor se quedaron en Donostia-San Sebastián. Marcelino y sus familiares pasaron casi un año huyendo. Regresaron en un barco desde Santander hasta el puerto de Pasajes. Nada más desembarcar supieron que el padre de Marcelino había sido fusilado en Andoain. Cuenta que para trabajar en Hernani, los hombres tenían que apuntarse en “Flechas y Pelayos” (Falange) para poder trabajar.

         Cuando comenzó la guerra tenías 11 años. ¿Qué recuerdas?

         Aquí, cuando había fuego la iglesia daba la noticia. En caso de fuego, comenzaban a sonar las campanas. Y el sonido movilizaba a todo el pueblo. Ocurrió por la noche. Entonces mi madre salió al balcón con todos los niños. Yo también estaba ahí. El balcón de al lado y el nuestro casi se tocaban. Los de al lado eran vascos y mi madre les dijo “¿Dónde está el fuego?¿Dónde está el fuego?”. Y el otro le dijo: “Carmen, estate callada, esto es peor que el fuego” “¿Pero qué es?” “Guerra, guerra”. Vinieron a llamar a la puerta, porque mi padre y hermano tenían escopetas de caza. Vinieron y llamaron: “Venimos a por las armas” y mi segundo hermano mayor les dijo “Aquíno hay de eso” y el otro le dijo “Ixo, mukizua”. Estos sabían que había dos escopetas en la casa. Y se llevaron las dos. Mi padre compró una escopeta de un tiro para los niños y se llevaron esa. Se la llevaron nueva y la trajeron rota poco después.

         ¿Qué hicisteis en la familia después de eso?

         Aquí empezaron a bombardear el pueblo. Cuando veíamos algún avión, todos íbamos a escondernos. Teníamos un sótano largo en la casa de enfrente, entrábamos allí. Todos al sótano. Mi padre nos envió a casa de un cuñado, a Donostia-San Sebastián. Nos cogió y nos mandó en tranvía a Donostia-San Sebastián porque la casa había sido bombardeada. Allí pasamos 8 días. Mi tío tenía tres hijos mayores de 20 años. Mi tío le dijo a mi madre: “Carmen tengo que cerrar el piso” “¿Y qué hacemos?” “Pues vamos a ver qué hacemos, ya nos dirán”. Vimos en el Boulevard un camión grande metiendo mantas y así: “¿A dónde vais, a dónde vais?”, dijeron: “A Bilbao”. “¿Podemos entrar nosotros?”. Y así, mi tío y mi madre, con todos sus hijos, a Bilbao en camión.

         ¿Fuisteis a Bilbao?

         Sí. Nos metieron en el Bar Frontón y estuvimos juntos. Aquello estaba lleno y había conocidos, del otro pueblo. Nos dieron un piso, Rekakoetxe, en la Alhóndiga. Ahí pasamos casi un año. Cuando entraron en Bilbao mi tío le dijo a mi madre: “Carmen, tenemos que ir detrás de los hijos”. Un hermano nuestro se quedó aquí. Y así nos fuimos a otro pueblo (Santander). Así pasamos un año. Cuando Santander fue ocupado nos cogió un barco, el Senra, que llevaba carbón. Durante el embarque había mucha gente. El barco nos trajo a Pasaia.

         ¿Te acuerdas de cómo eran los bombardeos de Bilbao?

         Sonaba la sirena. Cuando era largo sabíamos que teníamos que ir a protegernos. Cuando terminaban su trabajo, escuchábamos tres sonidos y salíamos.

         ¿Dónde comíais?

         Íbamos a un lugar como Auxilio Social. Estuvimos detrás del Arriaga, era el Hotel Eibar. Pero ahí estuvimos poco. Luego nos mandaron a otro pero cerca. Luego a otro sitio. Una mujer empezó a gritar un día mientras comíamos, enloquecida. Cuando había bajas en la guerra aparecían en el periódico, y cuando lo cogió vio a su marido.

         ¿Tu padre estuvo con vosotros?

         Por la Cruz Roja comunicaban noticias o avisos y a mi madre le comunicaron una, dos o no sé cuántas veces. Les mandaban una tarjeta desde el Ayuntamiento de Hernani. Mi madre y todos los del pueblo iban donde el alcalde. Se comunicaban entre ellos, sabían dónde localizarle. Mandaban también noticias del otro bando por la Cruz Roja. Mandaban una cartulina con el nombre y la hora para citarse, e iban a la Cruz Roja. Mi madre observó que algunas cuando recibían la cartulina, había una franja roja o rosa. Aquello eran malas noticias, porque se comunicaban entre ellas. A mi madre dos o tres veces le llegó bien, pero la última, le llegó con una franja roja: “Malas noticias, malas noticias”. Hablaron con mi tía y mi madre y les dijeron que había muerto en el hospital. Después, cuando vinimos aquí, nos enteramos que había sido fusilado.

         ¿Dónde le fusilaron?

         Por lo que hemos averiguado nosotros, está en Andoain.

         Zure aitak zein pentsamendu politiko zeukan?

         En Hernani se formó una cooperativa. Y todos los obreros estaban ahí. A esos que estaban afiliados, les llamaban cuando llegaba el carbón. Había que descargarlo y les llamaban. Y a mi padre estoy seguro que le tocó también. Yo no sé si es que estaría afiliado en UGT o no. Para estar en esas cooperativas tenías que estar afiliado. Aquí se apuntaba mucha gente, fue una cooperativa muy buena.

         Tu padre se quedó aquí con Dionisio, tu hermano mayor. ¿Qué habéis oído o qué os han contado de lo que le pasó a tu padre?

         Eso es lo que quisiera yo saber, eso. ¡Si mi padre se dedicaba solo a la pesca! Y se iba hasta Goizueta. Y mi hermano mayor después de pasar todas estas cosas hacía el mismo recorrido.

         ¿Tu padre fue fusilado en Andoain?

         Sí. Eso averiguamos porque primeramente Ángel (hermano) se fue a Andoain. Aquel empezó a mover todo y dijo “Tenemos que averiguar, preguntar esto”. Alguno le diría por Andoain, y se fue hasta Andoain. Se encontró con uno que estuvo en la mili con él y le dijo: “Coño, Usarraga, zer zabiltza hemen Andoainen?”. Y mi hermano le dijo “Nire aita fusilatu dute”. Bere lagunak esan zion “Alde hemendik eta ezkutatu gauzak. Ez dakigu auskalo zer gertatu leiken hemen”. Y así lo dejó. Pero a los años, el hermano mayor me dijo un día: “Marcelino, ya me acompañarás a Andoain para ver si averiguamos algo” y fuimos. Estaba para caer el día de todos los Santos. Entramos al cementerio, desde una puerta de hierro. Vimos a un hombre que estaba pintando las cruces que eran de hierro colado. Le preguntamos por el enterrador. Nos dijo dónde vivía. Mi hermano se informó y fui con él. Estaba la hija, le preguntó mi hermano y paciencia, a esperar y esperamos. Ya llegó el hombre y mi hermano le preguntó y le dijo: “Síya me acuerdo”. Dijo que le vino el comandante de puestos, porque antes al sargento de la Guardia Civil era el que estaba al mando del pueblo, le llamaban comandante. Vino el comandante y le dijo: “Esta noche prepara un agujero para dos”. Nos dijo “Sé hasta cómo vestía tu padre. Llevaba chaleco” y nosotros: “Sí”. Mi padre siempre ha llevado chaleco. “Mataron a dos esa noche. A vuestro padre y al de Vaquero” que es del caserío de aquí, de Vaquero. Lo que hemos averiguado nosotros ha sido eso.

         Y tu hermano Ángel, ¿Se quedó aquí? ¿Sabes en qué frente estuvo?

         Sí, y enseguida a la mili. Anduvo con los nacionales, había aquí italianos y todo. Andaban por Teruel. Porque decía: “Tierra más fría que Teruel, no hay”. Porque en aquellos tiempos no tenían ni calzado adecuado ni nada. Menudo invierno. Y al otro hermano le cogieron y a Santoña lo llevaron preso. Lo cogieron preso no sé en qué pueblo, pero estuvo en Santoña.

         ¿Volvió a casa?

         Sí. Los mandaban de seis o de ocho y vinieron aquí a Hernani. Mi madre estaba de interina en la plaza de Hernani con una señora. Entonces alguien le dijo: “Carmen ya ha venido tu hijo”. Y claro, le oyó la señora, pero siguió trabajando y la señora le dijo: “Carmen, deje usted todo eso y vaya donde su hijo”. Cuando mi madre iba por la plaza, mi hermano venía de casa y se encontraron. ¿Qué van a hacer madre e hijo? Saludar. Pues la multaron. Y no solo a mi madre, sino a todas las que eran conocidas y le saludaban, fueron multadas. No sé si eran 10 pesetas o 5. Pero les multaron.