Violencia, Represión y Violación de los Derechos Humanos durante la Guerra Civil y el Primer Franquismo
4.2.
LA REPRESIÓN CONTRA LAS MUJERES
EN HERNANI
4.2.1. La represión contra las mujeres en la Guerra Civil y el franquismo[62]
Tal y como se ha explicado en el apartado de la República, las mujeres de Hernani, al igual que en el resto de los municipios de Euskal Herria, habían podido obtener muchos derechos gracias a las reformas llevadas a cabo, como, por ejemplo, el derecho al divorcio, el derecho al voto o el derecho al aborto. Asimismo, algunas mujeres militantes de la Emakume Abertzale Batza tuvieron la oportunidad de dar mítines, hacer propaganda, etc., tanto en Hernani como en sus barrios, siempre que defendieran la división sexual[63] tradicional del trabajo. Las mujeres vascas militantes de la Emakume Abertzale Batza, gracias a las reformas llevadas a cabo por el gobierno de la Segunda República pudieron aprovecharse del protagonismo y los derechos de libertad que carecieron hasta ese momento tanto en el partido EAJ/PNV como en su vida cotidiana.
Ante los cambios, muchas mujeres trabajadoras de la época consideraron indispensable mostrarse a favor tanto de las reformas como de las opciones revolucionarias que mejorarían sus condiciones laborales, con el fin de que mejorara su calidad de vida. En ese movimiento destacaron, sobre todo, las mujeres comunistas y anarquistas, quienes reivindicaban la necesidad de invertir totalmente el orden de la época, mediante la solicitud de reformas de mayor calado al gobierno de la Segunda República. Es decir, a pesar de que hubieran obtenido el derecho al voto, las condiciones laborales de la mayor parte del sector de las mujeres trabajadoras no mejoraron:
“El establecimiento de la jornada laboral de 8 horas y la ley de Jurados Mixtos, así como la ampliación de seguros sociales resultó beneficiosa para las mujeres, pero no se podían acoger a estas mejoras las trabajadoras del servicio doméstico, y a duras penas conseguían algunas mejoras las demás, a tenor de las resistencias patronales[64]".
A pesar de que el gobierno de la Segunda República hubiera impulsado ciertas leyes a favor de las mujeres trabajadoras, estas seguían estando aún sometidas a los hombres trabajadores. Es decir, aunque la mujer trabajara, era el hombre quien le tenía que dar el permiso para que lo hiciera, y por si eso fuera poco, el varón podía seguir cobrando el salario de su esposa[65]. Si la mujer estuviera soltera, se le otorgaba la capacidad de administrar su propia vida, es decir, su padre no tendría ninguna responsabilidad sobre ella. Asimismo, los puestos de alto nivel de las instituciones públicas seguían siendo ocupados por los varones:
“Con frecuencia se ha asegurado que las condiciones laborales durante la República mejoraron notablemente para el conjunto de la clase trabajadora. De las medidas apuntadas desde el gobierno se beneficiaron las obreras, si bien el cumplimiento de la legislación fue lento y trabajoso por la resistencia de la patronal y las circunstancias políticas y sociales"[66].
De modo que se puede decir que, aunque el gobierno de la República hubiera llevado a cabo ciertas reformas, seguía estando lejos de terminar con la división del trabajo por razón de sexo. Con el gobierno del Frente Popular que ganó las elecciones en febrero de 1936 muchos contaron con la posibilidad de disponer de una herramienta útil para terminar con una sociedad económicamente jerarquizada y formar una sociedad que fuera más justa para todos y todas.
Esos condicionantes asumidos por tantos, sin embargo, se vieron frustrados con el golpe de estado que dieron la oligarquía y los militares franquistas el 17 y 18 de julio de 1936. Uno de los objetivos principales de los golpistas fue derogar, desde el principio, los cambios llevados a cabo por los gobiernos republicanos y los militantes de distintos espectros, cambios entre los cuales se encontraban, cómo no, los relacionados con las mujeres.
Las mujeres fueron consideradas como perdedoras por los golpistas y sufrieron, precisamente, una represión doble, es decir, fueron perdedoras dos veces. Los hombres hernaniarras, recibieron, en gran parte, la disciplina sobre sus cuerpos mediante la tortura física sufrida tanto en la cárcel como en los campos de concentración, y la imposición de la ideología franquista. Las mujeres hernaniarras por su parte, tuvieron que sufrir una severa disciplina sobre sus cuerpos, para lo cual los franquistas se valieron de la represión sexuada[67]. Asimismo, también hubo mujeres hernaniarras que sufrieron torturas físicas o distintos tipos de adoctrinamiento en las cárceles, al igual que los varones. Dicho de otro modo, los franquistas, además de los mecanismos de represión habituales, en el caso de las mujeres utilizaron también mecanismos basados en el sexo y en el género.
Las mujeres hernaniarras pasaron de obtener una serie de libertades limitadas, al sometimiento total ante sus maridos mediante órdenes y leyes promulgadas por el Estado franquista. Las mujeres y los hombres que hasta ese momento habían estado inmersos en entornos comunistas y anarquistas tenían adoptadas ya ciertas medidas para terminar con la división del trabajo por razón de sexo. Pero las leyes impuestas por los franquistas terminaron por eliminar esas medidas. En lo que respecta a las mujeres militantes vascas hernaniarras de la Emakume Abertzale Batza a pesar de que la división del trabajo por razón de sexo fuera su objetivo principal, tuvieron que sufrir una severa represión por parte de los franquistas durante la guerra, porque su asociación fue partidaria del gobierno de la Segunda República, y, además, fueron mujeres que tomaron el espacio público durante la República.
4.2.1.1 Métodos represivos utilizados para crear a la “nueva mujer”
Durante la guerra se diferenciaban, en general, dos modelos de mujer, principalmente: por una parte, la mujer republicana[68], y por otra, la mujer tradicional[69]. Así, las facciones republicanas o franquistas que participaron en la guerra protegieron sendos modelos de mujer. Mientras que la parte republicana apoyó la imagen de la mujer republicana, la parte franquista protegió la imagen de la mujer tradicional, y, tal y como se ha dicho en las líneas anteriores, intentó hacer desaparecer definitivamente la imagen de la mujer republicana.
El modelo franquista de la mujer no coincidía con la imagen de la mujer libre que había creado la Segunda República hasta ese momento. Las mujeres libres que empezaron a tomar el espacio público no comulgaban con las mujeres sometidas a los hombres cuya única dedicación eran el espacio privado y las tareas del hogar. La opción de la parte franquista estaba clara, apoyaba a las mujeres que seguían con los roles tradicionales, y, por lo tanto, consideraban perjudiciales los derechos logrados por las mujeres en aras a su libertad, de modo que se empeñaron en eliminar tales derechos. Para llevar a cabo ese proceso en Hernani fue fundamental la complicidad entre los alcaldes franquistas y demás mandatarios.
La base para defender estas ideas fue, sobre todo, las teorías del comandante y director de los Servicios Psiquiátricos Militares del Ejército, Antonio Vallejo-Nájera, designado director del "Gabinete de Investigaciones Psicológicas” por Franco en el verano de 1938. El psiquiatra Vallejo-Nájera extrajo dichas teorías de los análisis que le mandó hacer Franco en una cárcel de Málaga sobre las mujeres y los hombres republicanos, y su objetivo principal fue probar que las personas con ideología marxista tenían un cerebro más incapaz que el resto.
Tras terminar la investigación sobre las mujeres, manifestó que sus cerebros se asemejaban mucho a los cerebros animales e infantiles, y que utilizaban una serie de directrices para controlar ese carácter en su ámbito cotidiano. En cambio, en el caso de las mujeres republicanas, determinó que habían perdido esas directrices, y por consiguiente las denominó como malvadas, a diferencia de las mujeres tradicionales. El psiquiatra franquista consideraba como principal culpable de las cualidades malvadas al marxismo. La mujer obedecía a las ideas marxistas guiada por sus sentimientos, no porque tuviera la capacidad de determinar su ideología, es decir, la mujer se convirtió como tal por la influencia del entorno, no por sus propias ideas.
De esa forma, pudo decir que la mujer no era capaz de decidir por sí misma y que necesitaba tener un cuidador. El cuidador de la mujer, como era habitual, sería un hombre, pero uno que estuviera educado en los valores tradicionales y franquistas y no en los valores republicanos. Además, Vallejo-Nájera consiguió justificar todos sus dislates por considerar el trabajo de los psiquiatras como totalmente científico y objetivo. Franco pudo esconder su rol de asesino bajo la argumentación de la investigación científica, y mientras tanto, en la sociedad, le adjudicaron el papel del bienhechor, porque el trabajo de cura y salvación de las enfermas (las mujeres republicanas) era por el bien de todos, y ese informe científico fue utilizado, entre otras cuestiones, para su propia propaganda.
Así, obedeciendo tales principios, el franquismo se dispuso a construir a la nueva mujer basada en los valores tradicionales, para lo cual era fundamental eliminar a la mujer que consiguió una serie de libertades durante la Segunda República. De modo que las mujeres tuvieron de sufrir dos formas de represión: por una parte, la represión directa, es decir, la represión que sufrirían por participar en las acciones políticas del espacio público; y, por otra, la indirecta, por tener a algún miembro nacionalista, republicano, etc. entre sus familiares. Aquellas mujeres tuvieron que sufrir la represión sexual que ya se ha explicado previamente (violaciones, cortes de pelo, aceite de ricino, insultos, robo de bebés, etc.).
La frase que pronunció el militar franquista Queipo de Llano en la emisora de radio de Sevilla en 1936 expresa de forma inmejorable la enorme represión que tuvieron que sufrir las mujeres durante la guerra y los años de la dictadura:
“Nuestros valientes legionarios y regulares, han demostrado de rojos cobardes, lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado, porque estas comunistas y anarquistas, predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen"[70].
Además de perder los derechos logrados durante la Segunda República, se convirtieron cada vez más en propiedad de los varones. La mujer, además de ser una buena madre y esposa, tenía que cumplir con los roles tradicionales femeninos: buen comportamiento, inferioridad intelectual, sensibilidad, vulnerabilidad, mansedumbre, impresionabilidad, obediencia, dependencia y sumisión respecto al varón, sacrificio espiritual, humildad, religiosidad, etc. La mujer, según los franquistas, no era capaz de avanzar por sí sola, y, por lo tanto, tenía que ser sumisa respecto al hombre. Además, la imagen de mujer soltera que se impulsó durante la Segunda República era inaceptable para el franquismo. Para poder tener hijos era obligatorio estar casada, puesto que los franquistas así las habían educado, y si no, se consideraba pecado. Por ejemplo, en algunos pueblos, los hijos de algunas mujeres solteras no los bautizaban de día, su bautizo solo podía permitirse durante la noche. El aborto tampoco era aceptado por los franquistas, ejemplo de lo cual es el encarcelamiento de Pilar Lesaca, quien recibió una pena de cárcel de 6 años por abortar.
El Fuero de Trabajo de 1938 se tradujo en el repliegue de la mujer al espacio privado, a quien, sobre todo, no se le permitió trabajar en el espacio público después de casarse, y si trabajaba en el espacio público cobraría, en cualquier caso, menos que los hombres. Asimismo, el varón podía solicitar el cobro del salario de su esposa. Si quisiera ser empleada pública y obtener títulos profesionales, debía cumplir con el Servicio Social regulado mediante el Decreto 378 de 7 de octubre de 1937. Quedaban exentas de dicho cumplimiento las que tuvieran alguna enfermedad, estaban casadas o eran viudas con más de un hijo, las que habían participado en instituciones creadas durante la guerra y parecidas al Servicio Social y las que no contaban con ningún descanso a consecuencia del trabajo que tenían.
Además, mediante el Código Penal de 1944 se hizo a la mujer aún más dependiente, si cabe. Según el Código Penal, si el marido de la mujer o el padre de la mujer de menos de 23 años de edad la descubría en situaciones de adulterio o algo parecido, el marido o el padre tenían el permiso de herirla o matarla. No se permitía el uso del anticonceptivo ni la práctica del aborto.
El franquismo quiso aumentar su poder nacional, y la mujer adquirió una enorme importancia para la reproducción de la especie. Durante la dictadura franquista, las mujeres debían proveer con hijos e hijas que fueran capaces de defender y construir el estado dictatorial, de modo que con el fin de que aumentara la demografía, las instituciones franquistas prohibieron la venta de anticonceptivos y pusieron en marcha diversas medidas para el control de la reproducción.
Las instituciones más poderosas que ayudarían al estado franquista en su afán de establecer una nueva imagen de la mujer fueron la Iglesia y la organización Sección Femenina[71].
Mediante la educación se quería preparar a las mujeres para la maternidad, es decir, la educación estaba enfocada al área doméstica para la mujer. En los manuales de texto para las mujeres, la mujer aparecía siempre cosiendo o haciendo tareas del hogar; también aparecían como profesoras, mecanógrafas o enfermeras, porque estas profesiones también cumplían con los roles tradicionales. Los hombres, en cambio, aparecían en esos libros trabajando en el espacio público.
Al cumplir los 17 años la mujer debía empezar a formar parte de la Sección Femenina; entre los 7 y los 17 años de la Regiduría Femenina de las Organizaciones Juveniles (agosto de 1937 - diciembre de 1940), y, más tarde, debían formar parte del Frente de Juventudes (diciembre de 1940 - abril de 1944). Las mujeres de entre 11 y 14 años afiliadas en la Falange de los jóvenes, recibían lecciones durante las tardes; las jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 17 aprendían lenguas, mecanografía, contabilidad, etc. Asimismo, las mujeres afiliadas de la “Casa de las flechas” solían tener un “taller de aprendices”.
Para poder ir a la universidad, en octubre de 1941, las mujeres debían de hacer un examen de amas de casa. No hace falta decir que los casos de violencia sexista solían estar totalmente encubiertos, y que la ideología franquista convirtió a la mujer en la principal culpable de la violencia sexista. Asimismo, a las mujeres que tuvieron algo que ver con partidos o sindicatos de la Segunda República[72], les denegaron el derecho a luto, y las obligaron a bailar en las fiestas nacionales o a cambiar los nombres de sus hijos e hijas en función de los fundamentos de la doctrina católica.
Teniendo en cuenta todo este aparato e ideología de las instituciones franquistas, no es de extrañar que en Hernani también haya testimonios de la represión contra las mujeres. Las mujeres de Hernani tuvieron que sufrir las consecuencias del aparato de la represión desde que las tropas franquistas entraran en el pueblo y durante el tiempo en que duró la dictadura. Tal y como se ha dicho anteriormente, sufrieron muchos tipos de represión: cortes de cabello, secuestro de hijos e hijas de padres republicanos, insultos, sanciones económicas, depuraciones, fusilamientos, etc. A continuación, trataremos de dar cuenta de las mujeres que sufrieron todo este tipo de represiones, no sin antes mencionar que la escasez de documentos en el ámbito de la investigación respecto a las mujeres ha sido notoria[73].
4.2.2. Las múltiples formas de represión sufridas por las mujeres de Hernani
Al igual que ocurrió en el resto de Euskal Herria, así como en todo el Estado español, cuando las tropas franquistas tomaron el pueblo de Hernani el 13 de septiembre, llevaron a cabo distintos tipos de represión con el fin de disciplinar el cuerpo de las mujeres republicanas: cortes de pelo y paseos, agresiones sexuales, insultos, sanciones económicas, expulsiones del pueblo, etc. Todas esas acciones fueron tipos de represión aplicados sobre el cuerpo de la mujer que se utilizaron como metodología para que se aceptara a la “nueva mujer” creada por los franquistas. En Hernani, las más perjudicadas de esa represión fueron las mujeres de la Emakume Abertzale Batza, las militantes de ideología de izquierdas y las esposas de los combatientes varones que fueron a luchar contra las tropas franquistas, de forma que aquellas mujeres tuvieron que padecer la represión tanto por su propia militancia política como por la militancia política de sus familiares. Las tropas franquistas obligaron a muchas de esas mujeres a coser la ropa de las tropas franquistas a modo de castigo, tal y como fue el caso de las hermanas María Luisa y Consuelo Goicoechea, quienes se negaron ante la orden del comandante militar, pero fueron sin embargo obligadas a coser su ropa.
Los franquistas encarcelaron a más de 60 mujeres que nacieron, vivieron o padecieron la represión en Hernani, y la cárcel no fue el único tipo de represión que sufrieron. En las siguientes líneas trataremos sobre la violenta disciplina ejercida por las tropas franquistas sobre los cuerpos de las mujeres hernaniarras mediante la aplicación sistemática de las teorías descritas previamente.
4.2.2.1 Rapados de cabeza, aceite de ricino y desnudas por la calle:
El cabello era una de las características que formaba parte del imaginario de la naturaleza de la mujer. Es decir, la sociedad, al imaginar a una mujer, la veía como un sujeto de cabello largo. El cabello se consideraba como un elemento identitario (así lo defendía la Iglesia católica), y despojarlas de su cabello significaba la destrucción de una parte de la identidad de esas mujeres:
"(...) dicha mutilación de un atributo físico enormemente sexuado (a veces aplicado simultáneamente con el rapado de las cejas) afectó exclusivamente a las mujeres, aunque es preciso mencionar la existencia de algunos casos marginales de rapado de hombres”[74].
Entre las mujeres que padecieron este tipo de represión, estaban las que rompieron con el rol tradicional: maestras republicanas, mujeres que participaron en el movimiento obrero, mujeres que tuvieron algo que ver con los combatientes, enfermeras que trabajaron en los hospitales republicanos, intelectuales, esposas de varones encarcelados, familiares de hombres que tuvieron alguna influencia política, etc. Así lo refleja el siguiente testimonio de una mujer de Hernani:
"A las mujeres las cogían, les cortaban el pelo y les daban una vuelta en la calle; le rapaban el pelo a cero, y a dar vueltas en la calle”[75].
En el caso de Hernani hemos identificado un caso de rapados de pelo gracias a un testimonio. Según explicó María Pilar Lujanbio Olano, a algunas mujeres hernaniarras se les cortó el pelo por hablar en euskera. Además de pelarlas, las pasearon por las calles vestidas con un viejo trapo[76].
4.2.3 Mujeres hernaniarras que sufrieron la represión económica o la cárcel por participar en iniciativas políticas
Según entraban las tropas franquistas en Hernani, y tal y como ocurrió en el resto de los pueblos de Euskal Herria, se castigó con dureza a las mujeres que participaron en acciones políticas durante la Segunda República. Aunque en Euskal Herria la cifra de mujeres no llegaba a la de los hombres que tuvieron que sufrir Consejos de Guerra o penas de cárcel, se puede decir, tal y como se ha expuesto anteriormente, que la represión padecida por las mujeres fue cualitativamente severa y enormemente disciplinaria. Las mujeres en Hernani tuvieron que sufrir consejos de guerra, penas de cárcel y sanciones económicas por sus diversas acciones políticas.
En total, fueron 59 las mujeres que tuvieron que sufrir los distintos procedimientos de la justicia militar franquista[77]. Algunas de ellas tuvieron que estar encerradas en la cárcel o en sus casas mientras de llevaba a cabo el juicio, y una vez que se emitía la sentencia, algunas debían permanecer más tiempo en la cárcel o en sus hogares, viendo limitada su libertad a causa de su ideología política. A la mayoría las procesaron por su militancia política, y con respecto a la filiación política, las acusaban de ser nacionalistas o socialistas/comunistas. Asimismo, hubo más de 60 mujeres encarceladas en distintas prisiones, y más de la mitad de ellas fueron acusadas de ser de izquierdas o de haber participado en actividades que tuvieran que ver con la gente de izquierdas, tanto en los informes y como en las declaraciones elaboradas por personas afines al franquismo en el pueblo.
Al menos 23 de esas mujeres tuvieron que cumplir su pena de prisión en la cárcel de Ondarreta. También hubo alguna mujer hernaniarra que tuvo que cumplir su condena en la cárcel para mujeres de Saturraran, como fue el caso de Anastasia Laplana Garmendia. En aquella cárcel, y teniendo en cuenta el Registro Civil de Mutriku, murieron, en total, 116 mujeres y 56 niños y niñas. Las mujeres que estuvieron allí encarceladas cuentan que vivieron una situación lamentable, el hambre era el pan de cada día, y qué decir respecto al agua potable, el agua más limpia que veían era la del mar que había al otro lado de la playa que se veía justo delante de la cárcel. En 1940 esa cárcel contaba con cerca de 1.500 presas[78] y en las celdas no había espacio suficiente para todas, las mujeres debían dormir en el suelo, y cuando podían. En efecto, algunas solían tener que estar de pie, porque no había sitio para dormir para todas, y solían tener que hacer turnos para dormir.
En aquellas condiciones las enfermedades se difundieron con facilidad, y dado que tenían las defensas bajas a causa del hambre, las presas enfermaron enseguida. Cuando protestaban, las monjas encargadas de mantener el orden en la prisión utilizaban las celdas de castigo para castigarlas. Anastasia Laplana Garmendia, natural de Tolosa, fue testigo de todas esas lamentables condiciones.
4.2.3.1 Mujeres que estuvieron presas en Hernani o en Lasarte
Alonso Echepare, Gabina
Nacida en 1913 en Villabona-Amasa, trabajaba en la empresa Papelera Portu antes de la guerra. Comulgaba con el movimiento republicano de su pueblo, y durante algún 14 de abril también portó la bandera en una manifestación republicana, razón por la cual fue denunciada por los franquistas y estuvo presa en la cárcel que había en el Ayuntamiento de Lasarte. Su difunto marido Luis Telesforo Cardoso era también republicano y desde el primer momento actuó como miliciano luchando contra los golpistas, de modo que cuando los franquistas lo detuvieron en Cantabria lo encarcelaron en el verano de 1937 y después fue obligado a trabajos forzados en distintos sitios del Estado español[79].
MUJERES QUE ESTUVIERON PRESAS
EN LA SEDE LA FALANGE DE LASARTE
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NOMBRE Y APELLIDOS |
DATOS COMPLEMENTARIOS |
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Artola Iriarte, Elvira |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Artola Iriarte, Nemesia |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Barcala Aguirreazcuonaga, Trinidad |
8/09/1937, una de las mujeres que estuvo presa en la sede de la Falange de Lasarte junto con sus cuatro hijos: María Carmen [13 años], José Luis [11 años], Amparo [9 años] y Alicia [3 meses] López Barcala |
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Espinosa Vazquez, Juana |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Gomez Sierra, Donatila |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Larumbe Esparza, Francisca |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Lasa Arcelus, Josefa |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Lema Larumbe, Araceli |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Lema Larumbe, Pilar |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Lete Lete, Josefa |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Lopez Barcala, Alicia |
3 meses. 18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte junto con su madre Barcala Aguirreazcuonaga, Trinidad y sus hermanos y hermanas |
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Lopez Barcala, Amparo |
9 años. 18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte junto con su madre Barcala Aguirreazcuonaga, Trinidad y sus hermanos y hermanas |
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Lopez Barcala, Jose Luis |
11 años. 18/09/1937, prisionero en la sede de la Falange de Lasarte junto con su madre Barcala Aguirreazcuonaga, Trinidad y sus hermanos y hermanas |
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Lopez Barcala, Maria Carmen |
13 años. 18/09/1937, prisionera en la sede de la Falange de Lasarte junto con su madre Barcala Aguirreazcuonaga, Trinidad y sus hermanos y hermanas |
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Otamendi Olloquiegui, Manuela |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Perosanz Sualdea, Elisa |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Prieto Prieto, Leocadia |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Reoyo Espinosa, Felisa |
18/09/1937, una de las mujeres presas en la sede de la Falange de Lasarte, junto con su hijo de 5 años, Videri Espinosa, Félix [Según el censo es Videgui Espinosa, Félix] |
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Sevillano Idiazabal, Dolores |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
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Sierra Sanchez, Dionisia |
18/09/1937, presa en la sede de la Falange de Lasarte |
4.2.3.2 Mujeres hernaniarras que estuvieron presas o pasaron por la justicia militar
1. Aguayo Barrios, Irene
Nació el 19 de mayo de 1909 en el pueblo de Otañes (Cantabria), pero vivía en Lasarte desde 1932. En septiembre de 1936, al ver que las columnas de los sublevados amenazaban con entrar en el pueblo, puso rumbo a Bizkaia junto a su marido Saturnino Polo, sus hijos e hijas y sus padres Julia y Víctor[80]. Sin embargo, tras la derrota del frente de guerra tuvieron que desplazarse a Cantabria, al municipio de Pámanes, donde aparece como afiliada de la UGT junto a su hermana Rosario[81]. Cuando el denominado Frente del Norte de la Guerra Civil española cayó en manos de los sublevados, podemos pensar que Irene Aguayo volvió a Lasarte junto con su familia. Sin embargo, sabemos seguro que en el año 1938 vivía en Lasarte, porque el Tribunal Militar puso en marcha una investigación contra ella, su hermana Rosario Aguayo y su madre Julia Barrios. Este proceso de investigación se cerró en abril de 1939, cuando condenaron a la madre Julia Barrios a una sanción económica de 25 pesetas[82].
2. Aguayo Barrios, Rosario
Nació el 21 de septiembre de 1918 en Barakaldo, pero se fue a vivir con su familia a Lasarte en 1929. Al igual que cientos de vecinos de Lasarte, cuando en el verano de 1936 vieron que la guerra estaba llegando a sus puertas, tuvo que huir a Bizkaia junto con sus padres Julia Barrios y Víctor Aguayo y varios hermanos y hermanas[83]. En cualquier caso, toda esta familia tuvo que volver a trasladarse cuando los sublevados derrotaron el frente que defendía el Euskadiko Gudarostea en la primavera de 1937, y se dirigieron hacia Cantabria, dado que aparece en la lista de refugiados del municipio de Pámanes, donde se indica que fue miembro de la UGT[84]. Cabe suponer que se quedaron en los campos de control de los sublevados, y que al cabo de un tiempo volvieron a Lasarte, ya que en 1938 vivían allí. En efecto, el Tribunal Militar dio comienzo a una investigación contra Rosario Aguayo, su hermana Irene y su madre Julia. En esa investigación condenaron a la madre Julia Barrios a pagar una sanción de 25 pesetas en abril de 1939[85].
3. Almandoz Macazaga, Sofía
Nació en Hernani el 18 de septiembre de 1918, y vivió en la Casa de Beneficencia de Hernani hasta que alcanzó la edad de 16 años, edad a la cual se fue a vivir a Donostia-San Sebastián y se estableció en el centro de la ciudad. En el verano de 1936, cuando el ruido de la guerra llegó a la desembocadura del Urumea y las tropas de los golpistas estaban a punto de aparecer, huyó de la ciudad el 12 de septiembre y no volvió a Gipuzkoa hasta el 14 de septiembre de 1937[86].
Consiguió establecerse en Lasarte, pero fue detenida por orden de la comandancia militar y trasladada a la cárcel de Ondarreta, por ser de izquierdas y por haber hecho declaraciones contra los sublevados y la Iglesia católica. Le imputaban, por ejemplo, la negación de la existencia de Dios.
A Sofía Almandoz la tuvieron presa en la cárcel de Ondarreta porque el Tribunal Militar franquista puso en marcha un proceso judicial que terminaría con un juicio contra ella. El 10 de mayo de 1939 se llevó a cabo un consejo de guerra, donde juzgaron, junto a Sofía Almandoz, a la madre de la familia Lema Larumbe y dos hijas suyas, por ser de izquierdas y porque les imputaban haber hecho declaraciones contra el régimen franquista. Tras ser aceptadas estas acusaciones de los franquistas por parte de la fiscalía, el tribunal condenó a Sofía Almandoz a una pena de cárcel de tres años y un día, que fue obligada a cumplir en la cárcel de Ondarreta hasta que quedó libre el 4 de agosto de 1940[87].

Fitxa penitenciaria de Sofia Almandoz.
4. Alonso Velasco, Felicitas
Nació en Campillo (Valladolid) el 7 de marzo de 1910, y vino junto con sus padres Higinio y Urbana y su hermano a vivir a Lasarte, donde se establecieron en una casa de la Kale Nagusia[88].
Aunque viviera en Lasarte, trabajaba en la empresa Brunet de Oria, y al igual que la mayoría de sus trabajadores, estaba afiliada al sindicato UGT. Así, cuando empezó la Guerra Civil, y tras la llamada a la evacuación por parte de la Junta de Defensa, los cuatro miembros de la familia se dirigieron hacia Bilbao, donde vivieron como refugiados durante varios meses. Asimismo, Felicitas Alonso se casó con un miliciano combatiente en el frente de guerra, pero a su marido lo mataron en uno de esos combates, y poco después, en junio de 1937, tuvo que huir de Bilbao a causa de la evolución de la guerra. Al principio se trasladaron al Valle de Trápaga / Trapagaran, y más tarde se refugiaron en diversos municipios de Cantabria, hasta que los apresaron el 24 de agosto de 1937 en Santander.
Pero entonces el régimen franquista emitió una orden para que Felicitas Alonso volviera, puesto que las autoridades franquistas habían iniciado una investigación en su contra. Los mandatarios franquistas del pueblo le acusaban de ser comunista y de participar en sus manifestaciones y eventos. Los franquistas recopilaron testimonios en Lasarte para saber si esas acusaciones eran ciertas o no, y esos testimonios negaban lo denunciado por los mandatarios del pueblo, de modo que la auditoría de guerra resolvió archivar el procedimiento en septiembre de 1938. A pesar de todo ello, la castigaron a pagar una sanción económica por estar afiliada a la UGT y por huir de las columnas golpistas. Al padre de Felicitas Alonso, Higinio Alonso, también lo condenaron a pagar una multa, como a su hija, de 100 pesetas, ante cuyo impago le correspondería la responsabilidad penal subsidiaria[89].
5. Apaolaza Aramburu, Úrsula
Los integrantes de la familia Apaolaza Aramburu fueron miembros destacados de EAJ/PNV de Hernani. Los hermanos de Úrsula Apaolaza habían sido secretarios de EAJ/PNV y ELA, y la propia Úrsula Apaolaza fue también miembro de la EAB (Asociación de mujeres aberzales, por sus siglas en euskera) antes de la guerra. Al empezar la Guerra Civil, los hermanos de Úrsula Apaolaza trabajaron para la Junta de Defensa de Hernani dentro de EAJ/PNV, y la mayoría de ellos huyeron del pueblo cuando los sublevados estuvieron a punto de entrar en Hernani. Sin embargo, uno de ellos, Juan Apaolaza, no huyó, y al cabo de poco tiempo se sumó a los tercios de los requetés. Pero más tarde, a principios de 1937, cruzó tierras ajenas junto a sus paisanos Antonio Odriozola y Felipe Sarriegui y eligió alistarse en el Euskadiko Gudarostea, decisión tras la cual los alcaldes Fermín Iturrioz y Julián Madina presentaron una denuncia contra Úrsula Apaolaza y otras cuatro mujeres nacionalistas a modo de represión, acusándolas de haberles ayudado a desertar, y, en el caso de Úrsula Apaolaza, de haber sido una espía a favor de los nacionalistas. La única prueba para la presentación de tal denuncia fue que los habían visto hablar con los tres jóvenes.
Además, en enero de 1937 recibieron una notificación en la que se les advertía de que les serían incautados los bienes de la casa donde vivía la familia Apaolaza Aramburu antes de que hubiera desertado el hermano, y que serían expulsados de su casa en el caso de que no aparecieran los familiares fugados. Pero dado que la única prueba del proceso ante el tribunal eran las denuncias de Fermín Iturrioz y Julián Medina, y al no haber ningún otro testigo más, la fiscalía propuso archivar el caso en junio de 1937. A pesar de todo ello, el proceso siguió abierto hasta que en septiembre de 1940 el auditor de guerra volviera a ratificar dicha resolución[90].
6. Aramburu Chinchurreta, María
Natural de Lasarte, nacida el 11 de mayo de 1917, vivía en la Kale Nagusia junto con su marido Ricardo Aguirre[91]. Era seguidora de la Izquierda Republicana, partido que más tarde formaría parte del Frente Popular. Durante la guerra huyeron de los golpistas junto con su bebé a Donostia-San Sebastián, y más tarde a Bilbao, donde se refugiaron por el miedo a los bombardeos de los sublevados.
Ricardo, su marido, se alistó en el Euskadiko Gudarostea, y María Aramburu se refugió en un primer momento en la capital de Bizkaia, y más tarde en Noja (Cantabria), hasta que los sublevados llegaron a tomar este último pueblo, momento en el cual no tuvo más remedio que volver a Hernani, al igual que miles de refugiados más. Era a principios de 1937, y nada más llegar la obligaron a declarar ante la Guardia Civil. Mientras tanto, el régimen franquista puso en marcha un procedimiento contra ella, acusándola de tener “ideas extremistas” y de apoyar al Frente Popular.
Fue detenida y encarcelada antes de que se llevara a cabo el juicio. En octubre de 1938 la auditoría de guerra de Burgos resolvió archivar el procedimiento en su contra, porque no pudieron imputarle ninguna acción o delito[92].
7. Aramendi Goicoechea, Margarita
Nacida en Errenteria el 4 de junio de 1924, vivía en la Kale Nagusia de Lasarte con su marido José Elizalde y su hija. Como mucha gente de Lasarte, entre finales de agosto y principios de septiembre de 1936 abandonaron su hogar y huyeron a Bilbao a causa de la guerra[93].
La familia Aramendi Goicoechea se refugió en un primer momento en la capital de Bizkaia, pero cuando Bilbao cayó en manos de los sublevados, tuvieron que trasladarse a Santander (Cantabria). En agosto de 1937, cuando la capital de Cantabria fue tomada por los sublevados, detuvieron a la pareja y los encarcelaron en la prisión de Torrelavega (Cantabria).
El motivo de la detención fue que el matrimonio Margarita Aramendi y José Elizalde regentaban un bar en Lasarte donde se reunían los trabajadores del barrio, además de los milicianos que se organizaron para la defensa del pueblo durante las semanas en que duró la guerra en Hernani. Así, los mandatarios franquistas de Hernani culparon a la pareja por el hecho de que los partidos y organizaciones del Frente Popular se reunieran en el bar, y en el caso de Margarita, vertieron acusaciones como la siguiente:
“...Mujer nefasta y de malísimos instintos contra toda persona de cultura y de orden... de ideas extemistas... votó al Frente Popular.”.
Asimismo, la acusaron de ser conocedora y cómplice de las detenciones y asesinatos de los que estaban a favor de los sublevados en el pueblo, y sobre esa base, le aplicaron la prisión provisional y abrieron una vía judicial que culminaría en un consejo de guerra para los dos miembros del matrimonio. Al empezar el juicio, trasladaron al matrimonio a la cárcel de Ondarreta.
La pareja negó tales acusaciones en sus declaraciones, manifestando que no tuvieron nada que ver con esas acciones, pero el Tribunal Militar de Donostia-San Sebastián dio por buena la acusación de los mandatarios franquistas de Hernani, e imputaron a Margarita haber propuesto un acto de rebeldía. Por todo ello, la condenaron a una pena de dos años en mayo de 1939[94].
8. Arocena Segurola, Lucía
Nació el 15 de septiembre de 1896 en Urnieta, y tras contraer matrimonio vivió en Zarautz y Donostia-San Sebastián junto con su marido y su hija María Aránzazu Echeveste[95]. Pero se quedó viuda mientras vivían en la capital de Gipuzkoa, de modo que decidió venir a vivir a Lasarte, porque consiguió tener un puesto de trabajo en la industria de Michelin, por lo que se alojó junto con su hija en una casa de la calle de la Estación de Lasarte. Lucía Arocena era nacionalista y en la fábrica estaba afiliada al sindicato ELA, a pesar de que no participaba en las movilizaciones que se organizaban.
En el verano de 1936, al poco de que empezara la Guerra Civil, cuando los golpistas empezaron a bombardear Lasarte y los alrededores, cogió a su hija pequeña y el 13 de agosto decidió huir de Lasarte. Al principio se refugiaron en Zarautz, pero la caída del frente de Gipuzkoa las obligó a moverse a Bizkaia, primero a Mundaka y más tarde al barrio Zaramillo de Güeñes, pero justo cuando estaban allí Güeñes cayó en manos de los sublevados, y Lucía Arocena decidió volver a Lasarte con su hija.
Sin embargo, el régimen franquista dio inicio a una investigación contra Lucía Arocena basándose en sus antecedentes políticos, porque era nacionalista y porque huyó del pueblo a causa de la Guerra Civil. Al principio de la inspección, Lucía Arocena se encontraba en estado de libertad provisional, pero como el alcalde de barrio de Lasarte y la Falange emitieron mensajes a su favor, se anuló el procedimiento y recuperó la libertad definitiva el 21 de diciembre de 1938[96].
9. Arrizabalaga Aguirresarobe, Pilar
Nació en Bilbao el 15 de noviembre de 1916, pero nada más nacer vino a vivir a Lasarte junto con su familia[97]. Después de algunos años, empezó a trabajar en la empresa Michelin, donde estaba afiliada al sindicato UGT, al igual que muchos otros trabajadores de la empresa.
Al inicio de la Guerra Civil trabajaba en la empresa Michelin junto a su marido Romualdo Ocáriz, hasta que la empresa cerrara a principios de agosto. Pero en ese momento en los pueblos de alrededor ya conocían el estado de la guerra, y a consecuencia del avance de los golpistas, decidieron huir de Lasarte, desde donde fueron a Bilbao, donde se refugiaron en una casa del paseo de Campo Volantín.
Pero el 10 de julio de 1937 la detuvieron junto a su marido Romualdo Ocáriz por orden de la Comandancia Militar de Lasarte y los encarcelaron en Ondarreta. Al futuro concejal franquista Ricardo Izaguirre detenido por los milicianos y que componía la “Junta Local Informativa” lo detuvieron por haber hecho informes contra Pilar Arrizabalaga y Romualdo Ocáriz. En esos informes los falangistas manifestaban que Pilar Arrizabalaga se alineaba con los movimientos a favor de la República y que actuó como miliciana en Hernani. También decían que cuando los milicianos detuvieron al futuro concejal franquista Ricardo Izaguirre, Romualdo Ocáriz no hizo nada.
En todo el tiempo en que estuvo encarcelada, Pilar Arrizabalaga negó haber actuado como miliciana, pero la FET-JONS de Lasarte y el alcalde de barrio, el señor Sebastián Echaniz, ratificaron la denuncia, y la Guardia Civil hizo declaraciones en el mismo sentido, y, sin embargo, la corporación municipal franquista de Hernani se limitó a decir que Pilar Arrizabalaga era de izquierdas. Por todo ello, le ratificaron la pena de prisión provisional y el Tribunal Militar inició una investigación en su contra, en la que todos los testigos presentados por Pilar Arrizabalaga dieron testimonio a su favor, incluido un alto cargo de la empresa Michelin.
En junio de 1938, la junta informativa de la FET-JONS retiró la denuncia ante la falta de pruebas, con el argumento de que era un error, utilizando como excusa que habían confundido a Pilar Arrizabalaga con una hermana suya que había sido miliciana. Tras la anulación de esa falsa denuncia, el 21 de junio de 1938 obtuvo la libertad condicional, con la obligación de personarse en el juzgado cada ocho días.
Fue en ese momento cuando regresó a vivir a Lasarte junto son su marido. Mientras tanto, la investigación contra el matrimonio avanzaba, y dado que la única acusación que se mantenía era que eran de izquierdas, el 23 de septiembre de 1938 los absolvieron de sus cargos, con el argumento de que el tiempo que transcurrieron en prisión provisional era suficiente para cumplir la condena por su ideología[98].
10. Artigas Asín, María
Nació en Montañana el 4 de octubre de 1900, y hasta antes de que empezara la guerra vivió en Hernani junto a su marido Francisco Grajal y sus hijos e hijas. Cuando empezó la guerra, huyó toda la familia[99]. El Tribunal Militar inició un juicio contra ella el 7 de diciembre de 1937 a causa de una denuncia:
“[...] participación en actos contrarios al Glorioso Movimiento Nacional ni otro cargo que el de haber asistido con anterioridad a manifestaciones extremistas".
Probaron que era monárquica y archivaron la causa[100].
11. Artola Iriarte, Elvira
Nació el 25 de enero de 1906 en Pasai San Pedro, como su hermana Nemesia Artola, pero vino a vivir a Hernani junto con toda su familia cuando aún era joven. Trabajaba junto con su hermana como vendedora de pescado en Hernani[101]. Tanto Elvira como Nemesia Artola estaban comprometidas con el movimiento obrero, y participaban de forma activa en sus movilizaciones, de forma que en cuanto empezó la Guerra Civil se registraron en la Comisaría de Guerra de Hernani, se vistieron de milicianas, y trabajaron tanto en el ayuntamiento como en las tareas de vigilancia, hasta que tuvieron que huir y buscar refugio en Bizkaia a causa de los ataques de los golpistas. Con el objetivo de luchar contra el ejército franquista, se refugiaron bajo el Anboto, y al igual de decenas de hernaniarras, se registraron en el batallón de los milicianos socialistas Dragones. Elvira luchó en distintos frentes, trabajó como limpiadora (como su hermana Nemesia Artola), hasta que Bizkaia cayó en manos de los golpistas en el verano de 1937.
En algún momento de esa caída se quedaron en algún puesto de control del ejército franquista, puesto que regresaron a Hernani en septiembre de 1937, momento en el cual la comandancia de la Guardia Civil de Hernani emitió un informe de queja, manifestando lo siguiente:
“Muy roja, asistía a las manifestaciones de carácter extremista. Activa miliciana. Conducta y moralidad pésimas. Su regreso ha causado verdadera repugnancia a todas las personas decentes”[102].
Cabe pensar que la detuvieron a causa de este informe, puesto que el día dieciocho del mismo mes estaba presa en la sede de la Falange de Lasarte, junto con otras 21 mujeres que huyeron de la guerra al igual que ella[103]. Pero al cabo de pocos días, la trasladaron junto a su hermana a la cárcel de Ondarreta, porque el tribunal militar franquista había iniciado un procedimiento legal en su contra. Al principio les imputaban el asesinato del general español Berenguer. Junto a ellas detuvieron y encarcelaron también a las hernaniarras Consuelo López Zubiri y Dolores Sevillano.
A Elvira Artola la mantuvieron presa en la capital de Gipuzkoa hasta que se llevó cabo el juicio en su contra el 15 de octubre de 1938. En aquel juicio, condenaron a las dos hermanas a una pena de cárcel de 6 años por formar parte del movimiento obrero y trabajar primero para la Junta de Defensa y después para el batallón Dragones. Elvira cumplió la condena en la misma cárcel de Ondarreta hasta que obtuvo la libertad condicional el 19 de octubre de 1940[104].

CDMH.
12. Artola Iriarte, Nemesia
Nemesia nació el 1 de agosto de 1902 en Pasai San Pedro, pero en 1906 se fue junto con su familia a vivir a Hernani, donde se establecieron en el barrio de Antziola. Cuando Nemesia alcanzó la edad suficiente, trabajó junto a su hermana Elvira como vendedora de pescado[105].
Como el resto de miembros de su familia, militaba en el movimiento obrero, y participaba en las movilizaciones y acciones que organizaban. En cuanto las noticias de guerra llegaron a Hernani en el verano de 1936, trabajó junto con su hermana Elvira bajo el mando de la Comisaría de Guerra que se organizó en el pueblo para luchar contra la sublevación militar de los golpistas. Trabajó como miliciana y en el ayuntamiento, y también cumplió con las tareas de vigilancia armada, para lo cual llevó una pistola a mano. Pero en el mes de septiembre de 1936, al no poder frenar el avance de los sublevados, tuvo que huir con su familia hacia Bizkaia.
Allí se sumó de nuevo junto con su hermana Elvira Artola a la lucha contra los golpistas, y se enroló en el batallón socialista Dragones, batallón en el que las dos hermanas cumplieron con las labores de limpieza, hasta que se rindieron ante los sublevados en el verano de 1937, en el contexto posterior a la caída de la Ofensiva del Norte de la Guerra Civil española. Sin embargo, los sublevados, al principio, no detuvieron a Nemesia Artola, porque tuvo la oportunidad de volver a Hernani al igual de su hermana. Pero en cuanto regresaron la Guardia Civil emitió un informe contra las hermanas Artola Iriarte en septiembre de 1937, manifestando lo siguiente:
“Muy roja, asistía a las manifestaciones de caracter extremista. Activa miliciana. Conducta y moralidad pésimas. Su regreso ha causado verdadera repugnancia a todas las personas decentes[106]”.
A consecuencia de ese informe detuvieron a las dos hermanas, porque el 18 de septiembre se encontraban presas en la sede de la Falange de Lasarte[107]. Al cabo de poco tiempo trasladaron a las dos hermanas a la cárcel de Ondarreta, porque los golpistas les imputaban haber participado en el asesinato del general español Berenguer. Junto con las dos hermanas también detuvieron y encarcelaron a las hernaniarras Consuelo López Zubiri y Dolores Sevillano.
El Tribunal Militar golpista mantuvo a Nemesia Artola en prisión provisional hasta que en octubre de 1938 sometieron a juicio a las dos hermanas en la misma ciudad de Donostia-San Sebastián. Durante el juicio lograron anular la principal acusación respecto al asesinato del general Berenguer anteriormente mencionado, pero a las dos hermanas les imputaron haber sido miembros del movimiento obrero de Hernani y actuar como milicianas tanto en el pueblo como en el batallón Dragones, a causa de lo cual a Nemesia Artola la condenaron a una pena de prisión de ocho años y la tuvieron presa en la cárcel de Donostia-San Sebastián, hasta que logró la libertad condicional el 1 de enero de 1941[108].

CDMH.
13. Barandiarán Arreche, Francisca
Nacida el 12 de julio de 1902 en Andoain, vivía en la Kale Nagusia de Hernani junto con José Antonio Urquía y su familia[109]. Pero al empezar la Guerra Civil, como el marido era miembro del movimiento nacionalista, decidieron irse toda la familia hacia Bizkaia por miedo a la represión. En un principio se trasladaron a Mundaka y más tarde a Güeñes, donde vivían en casas de refugiados hasta que Güeñes fue tomado por los sublevados el 15 de julio de 1937.
En ese momento la familia no encontró otra alternativa que volver a Hernani, donde la Guardia Civil llamó a declarar a Francisca Barandiarán, porque se había iniciado una inspección en su contra por haber colaborado en la evacuación de Hernani antes de que entraran las tropas franquistas y apoyar los movimientos nacionalistas. Esta inspección culminó en junio de 1938, y como no pudieron acusarla de ningún cargo se archivó el procedimiento[110].
14. Barrios Romos, Julia
Nació el 6 de febrero de 1877 en Monfarracinos (Zamora), y vivió en Hernani desde 1929. Cuando en el verano de 1936 llegó la guerra a Hernani, al igual que cientos de conciudadanos, huyó hacia Bizkaia junto con su marido Víctor Aguayo y sus hijos e hijas[111]. Uno de sus hijos, de nombre Enrique Aguayo, murió en los últimos combates para la defensa de Bilbao, en la cima de Artxanda, en concreto. Podemos pensar que el resto de los miembros de la familia Aguayo Barrios volvió a Hernani después de la caída de la Ofensiva del Norte de la Guerra Civil española, puesto que las autoridades franquistas iniciaron una inspección en el año 1938 contra Julia Barrios y sus hijas Rosario e Irene Aguayo, a consecuencia de la cual condenaron a la madre Julia Barrios a pagar una multa de 25 pesetas[112].
15. Bordagarain Villabona, Luisa
Nació el 4 de mayo de 1915 en Leitza, y era sirvienta en la casa de la familia Izaga Echeverria en la calle Geltoki de Lasarte. Cuando a consecuencia de la guerra esta familia puso rumbo a Bizkaia, se quedó sola en casa, por lo que decidió ir a casa de un familiar que tenía en Elorrio[113], Donde se casó con su paisano Agustín Egaña, miliciano del batallón Dragones, y tras haber vivido juntos durante algunos meses en Aramaio, se estableció en Bilbao, hasta que el ejército franquista tomó la capital de Bizkaia en junio de 1937.
En ese momento, Luisa Bordagarain decidió regresar a Lasarte, pero nada más llegar tuvo que declarar ante Sebastián Echaniz, alcalde de Lasarte y jefe de la Junta Informativa de la FET-JONS. Tras la declaración, las autoridades franquistas emitieron sendos informes al Tribunal Militar en los que manifestaban que Luisa Bordagarain era nacionalista y que había huido del pueblo, a causa de lo cual se inició un procedimiento contra Luisa Bordagarain en el Tribunal Militar. Estos trámites se prolongaron hasta agosto de 1938, y mientras duró la inspección no detuvieron a Luisa Bordagarain. Cuando se emitió la sentencia no le imputaron ningún cargo y se ordenó archivar el procedimiento de forma provisional[114].
16. Camarero Rodríguez, Florentina
Nació el 14 de marzo de 1863 en el pueblo de Huerta de Abajo (Burgos) y estaba casada con Eustaquio Altolaguirre. Al empezar la guerra vivían en la Plaza de los Fueros de Hernani (la actual Plaza Berria) junto con sus hijos e hijas[115]. Los miembros de la familia Altolaguirre Camarero formaban parte del movimiento obrero de Hernani, y se alinearon, en concreto, con las organizaciones comunistas.
Así, al empezar la guerra, sus tres hijos lucharon como milicianos, y el resto de la familia huyó de Hernani y, en un principio, se refugiaron en Arrasate / Mondragón, donde les pidieron que guardaran las joyas y otros objetos del miliciano hernaniarra Juan Ibáñez Ayesa. Florentina Camarero guardó los objetos de su conciudadano en todo el trayecto que recorrió a consecuencia de la guerra. A finales de septiembre, cuando Arrasate / Mondragón estaba a punto de caer en manos de los franquistas, la familia Altolaguirre Camarero tuvo que dirigirse hacia Bizkaia, y como miles de ciudadanos más de Euskal Herria, se refugiaron en esta provincia, mientras vigilaban los ataques de los sublevados.
Así, en la primavera de 1937 se dirigieron hacia Santander (Cantabria), se embarcaron en un barco, y Florentina Camarero, su marido Eustaquio Altolaguirre y el hijo de ambos, Manuel, huyeron al Estado francés, desde donde se dirigieron a Cataluña y se refugiaron en la provincia de Lleida, hasta que, en los últimos meses de la Guerra Civil, en 1939, cayeran estas tierras en manos del Ejército Franquista.
En aquel momento, no pudieron volver a Hernani, y se fueron a vivir al pueblo de Barbadillo de Herreros (Burgos), cercano al lugar de origen de la propia Florentina Camarero. Esa decisión puede responder a que se les prohibiera volver a Hernani, o al temor de la represión de los franquistas de Hernani. Sin embargo, en junio de 1939, el sargento Basilio Gómez Arranz de la comandancia de la Guardia Civil de Arrasate / Mondragón les detuvo en ese pueblo, con el argumento de que los objetos que le guardaba Florentina Camarero al hernaniarra Juan Ibáñez le fueron robados a un señor llamado Chacón, natural de Arrasate / Mondragón.
Así, tras esa denuncia, detuvieron a la pareja en la cárcel del pueblo Salas de los Infantes (Burgos), y los trasladaron a principios de 1940 a la cárcel de Ondarreta, porque ya se había iniciado un Consejo de Guerra contra Florentina Camarero y Eustaquio Altolaguirre en Donostia-San Sebastián. Sin embargo, el 14 de marzo del mismo año les dieron la libertad condicional, porque, al parecer, las denuncias contra la pareja no tenían ningún fundamento, y, en ese mismo sentido, la propia fiscalía solicitó archivar el proceso, y el 23 de abril recuperaron la libertad definitiva[116].
17. Chinchurreta Beloqui, Josefa
Nacida en Hernani el 11 de febrero de 1887, vivía en Lasarte junto con su marido Ezequiel Aramburu y sus hijos e hijas[117]. De oficio era vendedora de pescado. Al cabo de un mes de que estallara la Guerra Civil, huyó del pueblo junto a su marido y sus tres hijas y en un principio se fueron a Donostia-San Sebastián. Según sus declaraciones, en uno de esos viajes de huida se le murió una hija. Desde ahí, más tarde se dirigieron a Bilbao donde permanecieron durante ocho meses en el barrio Buenos Aires. Cuando los sublevados se acercaron a la capital, la familia volvió a huir, en este caso a Santander, pero con la caída del Frente del Norte, al final, volvieron a Lasarte.
Así, el 13 de septiembre de 1937, el comandante militar de Lasarte ordenó una orden de prevención y los detuvieron en la cárcel de Ondarreta, mientras los tribunales instruyeran la información gubernamental en su contra. Sus conciudadanos, en general, hicieron declaraciones a su favor, pero uno de nombre Severiano Rodríguez presentó graves acusaciones mediante la Junta Local Informativa, donde decía que le escuchó lo siguiente a Josefa:
“comeros todas las gallinas, palomas y conejos que tengo, no dejarlos para los Fascistas, y cortarles la cabeza a todos los Fascistas".
Sin embargo, el 19 de noviembre de 1938, el auditor consideró que no había suficientes pruebas y que la pena de cárcel preventiva había sido suficiente. Así, el 25 de noviembre archivaron el caso y quedaron libres al cabo de cinco días[118].
18. Cuenca Ortega, Eladia
Nació el 17 de febrero de 1901 en el pueblo de Vuelta del Rey (Burgos) y vivía en la Kale Nagusia de Lasarte junto a su marido Teógenes Muñoz y sus hijos e hijas[119]. Poco después de que empezara la Guerra Civil el matrimonio decidió huir con sus hijos en agosto a causa de los bombardeos de la aviación de los sublevados y con el fin de alejarse del frente, y, así, poco después de refugiarse brevemente en Orio, se establecieron en un caserío de Lemoa, donde vivieron de labrar la tierra.
Pero en la primavera de 1937, la familia Muñoz Cuenca se dirigió a Santander, donde se refugiaron hasta el mes de agosto de 1937, hasta que la ciudad fuera tomada por los sublevados, momento en el cual los franquistas detuvieron y encarcelaron al marido de Eladia Cuenca, y ella y sus hijos e hijas regresaron a Lasarte. Sin embargo, nada más llegar al pueblo, los franquistas pusieron en marcha un proceso contra Eladia Cuenca que se alargó hasta agosto de 1938. En ese proceso fue juzgada por votar por el Frente Popular y huir de Hernani como refugiada, pero su caso, al final, fue archivado[120].
19. de Sosa Fuentes, Trinidad
Nacida el 3 de junio de 1917 en Lasarte. Sus padres se llamaban Cristina Fuentes y Ceferino de Sosa, y eran naturales de Mombeltrán (Ávila) y vinieron a Lasarte a trabajar[121].
Trinidad de Sosa tuvo que trabajar en las industrias locales desde que era una adolescente, de modo que ya estaba afiliada a la UGT antes de la guerra. Además, sus familiares también estaban alineados con los partidos del Frente Popular, de modo que decidieron huir de Lasarte y de las tropas franquistas, y se dirigieron a Bizkaia para refugiarse, pero cuando esta provincia cayó en manos de los franquistas en 1937, siguieron avanzando hasta Cantabria. Cuando Cantabria cayó en manos de los sublevados, Trinidad regresó a Lasarte, y en cuanto pisó el pueblo las autoridades franquistas pusieron en marcha un proceso contra ella, mediante denuncias de este tipo:
"[...] de ideas extremistas [...] en cuantas manifestaciones había.acudía a las mismas ostentando el uniforme propio de dichas milicianas [...]”.
Trinidad de Sosa negó todas esas acusaciones, además de otras denuncias presentadas por distintos testigos y mandatarios franquistas, y, al final, su procedimiento fue archivado en diciembre de 1938[122].
20. del Pozo Marcos, Paula
Nació el 4 de marzo de 1911 en el pueblo de Campillo (Valladolid). Vino a vivir a Lasarte junto con sus padres Gertrudis Marcos y Valentón del Pozo y su hermano Jesús en 1920[123]
Trabajó desde entonces en la fábrica textil Brunet de Oria, y al igual que muchos trabajadores de la fábrica, al estallar la guerra ya era miembro del sindicato UGT. En ese contexto de guerra, su hermano Jesús del Pozo se enroló como miliciano y Paula del Pozo se quedó con sus padres. Como la familia estaba alineada con el Frente Popular, huyeron de Lasarte por temor a la represión y buscaron refugio en distintos pueblos de la orilla del Cantábrico. Cuando el 24 de agosto de 1937 Santander cayó en manos de los sublevados, Paula del Pozo regresó a Lasarte junto con sus padres.
Pero al llegar, los mandatarios franquistas iniciaron un proceso contra ella por haber sido miembro de la UGT durante la República y por apoyar al Frente Popular. A pesar de que no le pudieron imputar ningún delito, la condenaron a pagar una multa de 250 pesetas por ser de izquierdas y huir de Lasarte con su familia[124].
21. Egaña Orbegozo, Josefa
Nació el 22 de abril de 1918 en Markina, vino a vivir a Lasarte junto con toda su familia a una casa de la calle Geltoki en 1929[125]. En el verano de 1936, poco después de que empezara la Guerra Civil, y con el objetivo de huir del frente, Josefa Egaña huyó a Elorrio, donde se refugió en casa de unos familiares, y más tarde, también estuvo en Barakaldo.
A pesar de no estar afiliada a ningún partido ni sindicato, los mandatarios franquistas iniciaron una inspección contra Josefa por huir de Hernani a causa de la guerra y por comulgar con el movimiento abertzale. No la detuvieron ni encarcelaron, pero tuvo que acudir a prestar declaración a Donostia-San Sebastián, y tras recoger las declaraciones de distintas personas y grupos, no se le imputó ningún delito y su caso quedó archivado en agosto de 1938[126].
22. Fernández de Alegría, Carlota
Nació el 4 de noviembre de 1893 en San Millán / Donemiliaga, y estaba casada con el también alavés Pedro Abasolo[127]. A principios de agosto de 1936, poco después de que empezara la Guerra Civil, aprovechando que algunos familiares de Carlota Fernández vivían en Barakaldo, decidió ir allí junto con su marido Pedro Abasolo y sus hijos e hijas para huir del frente.
Junto con miles de refugiados, una vez que los sublevados hubieran tomado los últimos pueblos de Bizkaia y a falta de ninguna otra opción, volvieron a Lasarte en septiembre de 1937, al igual que muchos otros refugiados. Cuando ya había regresado, las autoridades franquistas iniciaron una investigación contra ella por haber votado al Frente Popular durante la República y haber huido del pueblo a consecuencia de la guerra. Su caso fue archivado en agosto de 1938 a falta de pruebas para la investigación[128].
23. Fuentes Chozas, Cristina
Nació el 17 de febrero de 1885 en Mombeltrán (Ávila). Se casó con su paisano Ceferino de Sosa, y al principio creó su familia en su lugar de origen, hasta que decidiera venir a Lasarte en 1915[129].
Tal y como hicieron muchos lasartearras, la familia Sosa Fuentes decidió huir de su casa para alejarse de la guerra y buscó refugio en Bizkaia. Al principio se refugiaron en Gordexola, pero cuando Bizkaia estaba a punto de caer en manos de los sublevados, se fueron de ahí y se refugiaron en el pueblo de Puente Viesgo (Cantabria), y cuando este último cayó en manos de los sublevados en agosto de 1937, no les quedó otra opción que regresar a Lasarte.
Tal y como le ocurrió a su hija Trinidad de Sosa, nada más llegar a Lasarte los franquistas iniciaron una investigación en su contra. Los franquistas le acusaban de haber votado al Frente Popular en las elecciones de 1936 y de haberle mostrado apoyo en el pueblo. Al igual que en el caso de su hija, al final solo le pudieron acusar de tener una actitud contraria a los sublevados y nada más, de modo que archivaron el procedimiento contra ella en diciembre de 1938[130].
24. Gascue Beramendi, Marcelina
Nació el 2 de junio de 1903 en el pueblo de Ekai. En los años previos a la guerra vivió en una casa de la calle Kardaberaz junto a su marido Fidel Irigaray y sus hijas Filomena y Marcelina[131].
El matrimonio tenía una pescadería en el pueblo, pero al estallar la Guerra Civil tuvieron que huir de Hernani en septiembre de 1936 con sus hijas pequeñas Filomena y Martina, a causa de los bombardeos lanzados por los golpistas contra el pueblo. Primero fueron a Donostia-San Sebastián, y de ahí cogieron un barco y se trasladaron a Santander, donde embarcaron en otro barco y se tuvieron que refugiar en el Estado francés.
Pero no se quedaron mucho tiempo allí, ya que tras hablar con la familia y amigos de Hernani regresaron al pueblo en septiembre de 1937. Nada más llegar convocaron a Marcelina Gascue a que prestara declaración ante de la Guardia Civil de Lasarte, y al cabo de pocos días de prestar declaración, los franquistas la detuvieron y encarcelaron en Ondarreta. Los autoridades franquistas de Hernani le acusaban de ser comunista y de haber participado en las movilizaciones, de haber pregonado a favor de la izquierda en la pescadería familiar y de haber colaborado con el Frente Popular. Las acciones por la que le imputaban estaban suscitadas por el alcalde de Lasarte y la Junta Informativa de la FET-JONS.
Por lo tanto, a partir del 13 de septiembre de 1937 estuvo presa en la cárcel de Ondarreta en prisión provisional, mientras que el Tribunal Militar iniciaba un procedimiento en su contra. En las declaraciones que realizó en el juicio, Marcelina Gascue negó los cargos por los que la imputaban, y la mayoría de los testigos adoptó también la misma posición y negó los cargos por los que la imputaban, de modo que el juez resolvió archivar el sumario por falta de pruebas. Marcelina Gascue recuperó su libertad en mayo de 1938 tras haber permanecido 8 meses en prisión[132].
25. Goicoechea Garmendia, Consuelo
Al igual que su hermana María Luisa Goicoechea, Consuelo Goicoechea era miembro del movimiento abertzale de Hernani. Antes de la guerra, fue militante de EAB (Asociación de mujeres abertzales). Pero la familia Goicoechea Garmendia, a pesar de ser abertzale, se negó a cumplir con la convocatoria de evacuación realizada por la Junta de Defensa de Hernani, y se quedó en el pueblo.
Poco después de que las tropas franquistas tomaran Hernani, iniciaron la persecución contra las hermanas Goicoechea Garmendia. Así, en base a la denuncia por haber hecho declaraciones contra los golpistas, las obligaron a hacer camisas para la Falange, y, además, tuvieron que pagar las telas para confeccionar esas mismas camisas. Asimismo, aunque se hubieran negado a coser capotes para los hernaniarras que lucharon más adelante con las tropas franquistas, la Comandancia Militar las obligó a coserlos junto con el resto de las mujeres.
Cuando los tres jóvenes hernaniarras que desertaron del ejército franquista pasaron al otro lado de la trinchera, relacionaron a Consuelo con lo ocurrido y fue investigada por los franquistas. La única prueba de este procedimiento eran las denuncias de los alcaldes Fermín Iturrioz y Julián Medina, y a falta de pruebas o testimonios que las sustentaran, la fiscalía propuso archivar su causa en junio de 1937, a pesar de todo lo cual, el proceso siguió abierto hasta que en septiembre de 1940 el auditor de guerra volviera a ratificar la resolución[133].
26. Goicoechea Garmendia, María Luisa
Fue miembro de EAJ/PNV desde que se creó el partido en el pueblo. Durante la República, y sobre todo en época de elecciones, militó junto a su hermana Consuelo Goicoechea.
Sin embargo, al igual que hicieron muchos nacionalistas, cuando las columnas de los golpistas atacaron durante el descenso de Buruntza, las dos hermanas decidieron quedarse en Hernani. Poco después de que las tropas franquistas se hicieran con toda Gipuzkoa, la condenaron junto a su hermana Consuelo a hacer camisas para la Falange, en base a la denuncia según la cual había hecho declaraciones contra el régimen franquista, y por si eso fuera poco, las dos hermanas tuvieron que pagar las telas para confeccionar dichas camisas. Las dos hermanas se negaron a hacer los capotes para los hernaniarras que luchaban con las tropas franquistas, pero la Comandancia Militar les obligó a hacerlos con el resto de las mujeres. Finalmente, les imputaron haber difundido noticias contra el régimen franquista.
Cuando los jóvenes hernaniarras Juan Apaolaza, Antonio Odriozola y Felipe Sarriegui desertaron del ejército franquista y se pasaron al bando republicano y nacionalista, inspeccionaron a las hermanas Goicoechea Garmendia. En efecto, los alcaldes Fermín Iturrioz y Julián Medina las denunciaron por sospechar que habían ayudado a llevar a cabo dichas deserciones, pero a falta de más testigos, la fiscalía propuso archivar la causa en junio de 1937 aunque el proceso siguió abierto hasta que en septiembre de 1940 el auditor de guerra volviera a ratificar la resolución[134].
27. Gorrochategui Miranda, Amparo
Nacida en Hernani, donde vivía junto con sus padres y hermanos y hermanas. En 1937, los franquistas fueron a inspeccionar su casa y encontraron unas monedas de plata. Amparo les explicó que eran recuerdos de su padre recién fallecido, que si querían dinero se lo darían. Entonces, los franquistas la detuvieron por intento de soborno y la mantuvieron presa durante un tiempo en la cárcel de Ondarreta[135].
28. Goyaran Urdampilleta, Benita
Nació el 12 de enero de 1886 en Urnieta, donde vivió y formó a su familia, hasta que en 1928 se trasladó a vivir a Lasarte junto a sus hijos Miguel y Francisco Cialceta[136].
Al empezar la Guerra Civil, sus dos hijos lucharon desde el primer momento contra los golpistas bajo los mandos de la Junta de Defensa. Benita Goyaran huyó a la casa de un familiar en Arrasate / Mondragón a causa de los bombardeos contra el pueblo. Más tarde, al igual que hicieran muchos hernaniarras, se trasladó a Abadiño, donde estuvo viviendo hasta que entró el ejército franquista.
En ese momento, Benita Goyaran regresó a Lasarte. Así, las autoridades franquistas abrieron una investigación en su contra con el argumento de que había huido del pueblo. El Ayuntamiento de Hernani, por ejemplo, presentó la siguiente denuncia en sus informes:
“[...] izquierdista, activa miliciana hasta principios de agosto en que se ausento de Lasarte, conducta moral mala [...]".
Sin embargo, estas denuncias fueron anuladas por otros informes emitidos por los propios franquistas y diversos testigos presentados durante el juicio, De modo que en diciembre de 1938 el proceso contra Benita Goyaran quedó archivado sin declaración de responsabilidad[137].
29. Hernández Illan, Enriqueta
Nació el 13 de junio de 1874 en Zamora. Se casó con el carabinero Felipe Rodríguez, y teniendo en cuenta su trabajo, se establecieron en la Kale Nagusia de Hernani. Felipe se retiró antes de la guerra.
Al igual que hicieron muchos hernaniarras, cuando el frente de guerra se acercó al pueblo, obedeció la convocatoria de evacuación ordenada por la Comisión de Defensa y se trasladó al pueblo de Castro-Urdiales junto a su marido. Cuando Bizkaia cayó en manos de los sublevados se dirigieron a Santander, y se tuvieron que refugiar allí. Pero cuando las tropas franquistas entraron en Santander detuvieron a su marido, Felipe Rodríguez, ante lo cual, al igual que hicieran otros lasartearras, tuvo que iniciar el camino de regreso al pueblo, donde llegó a mediados de septiembre de 1937 y volvió a la que fue su vivienda.
Al principio los franquistas no presentaron ningún cargo contra ella, pero a finales de 1937, cuando encarcelaron a su marido Felipe Rodríguez y a su hijo José Rodríguez y los juzgaron en un consejo de guerra, los franquistas pusieron en marcha una inspección contra Enriqueta Hernández. Según los distintos informes de los franquistas, la acusaban de huir de Lasarte a causa de la guerra y de apoyar al Frente Popular. Teniendo en cuenta su edad, los franquistas no pudieron sostener esas denuncias y el proceso quedó archivado en abril de 1938 sin declaración de responsabilidad[138].
30. Idiaquez Indo, María
Nació el 2 de marzo de 1900 en Getaria, y antes de la guerra vivía junto a su marido Máximo[139] Santamaría y su hijo Vicente de 11 años en la calle Kardaberaz de Hernani. Fue militante de EAB (Asociación de mujeres abertzales).
Los franquistas los expulsaron de Hernani junto a su hijo porque ella era abertzale y el marido trabajaba para el Departamento de Salud del Euskadiko Gudarostea. Mediante la orden que emitieron los distintos comandantes militares de Gipuzkoa, cruzó las trincheras al igual que hicieron cientos de mujeres más y buscó refugio en Bizkaia, donde, tras reunirse con su marido, se inscribieron en el plan de evacuación del Gobierno Vasco y tuvieron la posibilidad de establecerse en el País Vasco Norte, donde se quedó a vivir con toda su familia en Hendaya[140].
31. Miranda Orsategui, Ramona
Durante los años previos a la guerra fue una de los miembros más destacables del movimiento nacionalista de Hernani. Cuando se creó la EAB (Asociación de mujeres abertzales) en Hernani, la nombraron presidenta, cargo que cumplió hasta el año 1934.
En efecto, en 1934 dejó a un lado las responsabilidades políticas, aunque siguiera apoyando al movimiento nacionalista. Sin embargo, en septiembre de 1936, cuando las tropas franquistas estaban a punto de entrar en el pueblo, no se sumó a la evacuación y se quedó en Hernani, aunque siguiera defendiendo sus ideas, ejemplo de lo cual fue que no saludó a la bandera española en más de una ocasión. Los franquistas del pueblo le advirtieron reiteradas veces que no podía hacer algo así, aunque tampoco la encarcelaron.
Con ocasión de la deserción de los tres jóvenes hernaniarras, la relacionaron con el suceso y fue una de las cinco mujeres nacionalistas que investigaron. La investigación se basaba en las denuncias de los alcaldes Fermín Iturrioz y Julián Medina, quienes sospechaban que la víspera habían hablado con los jóvenes desertores. Sin embargo, la fiscalía consideró que estas denuncias no se basaban en fundamento alguno y en junio de 1937 propuso que se archivara la causa, aunque el proceso siguiera abierto hasta que en septiembre de 1940 el auditor de guerra ratificara la resolución[141].
32. Múgica Landaberea, Isabel
Isabel Múgica estaba afiliada a EAJ/PNV antes de la guerra, y era también miembro de EAB (Asociación de mujeres abertzales). Fue miembro de la vida cultural y política organizada en torno al nacionalismo de Hernani.
Al estallar la guerra, tal y como hicieron muchos nacionalistas de EAJ/PNV, trabajó custodiando a los golpistas que estaban presos en el convento de San Agustín como sirvienta para los prisioneros. Cuando llegó el frente de guerra al pueblo, no acudió a la convocatoria de evacuación de la Junta de Defensa y decidió quedarse en Hernani. Aunque en un principio supuestamente no sufriera ninguna represión, cuando el ejército franquista los movilizó en enero de 1937, los hernaniarras Juan Apaolaza, Antonio Odriozola y Felipe Sarriegui desertaron y pasaron al otro lado de la trinchera, y los franquistas iniciaron un procedimiento en su contra ante la sospecha de que tuvo relación con el suceso. Acusaron a Isabel Múgica de haberla visto hablar con los tres varones mencionados, al igual que hicieron las mujeres previamente mencionadas.
La única prueba para el inicio del procedimiento eran las denuncias de los alcaldes Fermín Iturrioz y Julián Medina, quienes acusaron a Isabel Múgica de ser nacionalista. No hubo más denuncias aparte de esas, por lo que la fiscalía propuso archivar la causa en junio de 1937, aunque el procedimiento siguió abierto hasta que en septiembre de 1940 el auditor de guerra volviera a ratificar la resolución[142].
33. Labrador García, Isabel
Nació el 18 de enero de 1903 en el pueblo de Puertollano (Ciudad Real), y antes de la guerra vivía en la calle Atze-kale de Lasarte, que en aquel momento formaba parte de Urnieta, junto con su marido Pedro León y sus hijos e hijas.
Pero al estallar la Guerra Civil tuvo que dejar su hogar junto con toda su familia y partieron hacia Bilbao. En la capital de Bizkaia empezó a trabajar para el sindicato UGT, al mismo tiempo que se afilió a la organización SRI. Pero cuando rompieron la ofensiva de Bizkaia, decidieron evacuar por mar con sus hijos a consecuencia del intenso avance de los golpistas. Primero se dirigieron hacia Francia, y luego hacia Cataluña, donde permanecieron hasta que terminó la Guerra Civil, y después, ya en la posguerra, la familia volvió a Lasarte, donde vivieron en la Kale Nagusia (calle General Mola, en su momento) que en aquella época formaba parte de Hernani.
En junio de 1946 detuvieron a Isabel Labrador y la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta. La fiscalía de tasas la imputó por estraperlo, y la condenó a pagar una multa de 100 pesetas, de modo que permaneció un mes presa hasta que pudo pagar la multa[143].

Notificación del Gobierno Civil de Guipúzcoa (airmn).
34. Laplana Garmendia, Anastasia
Nació el 23 de diciembre de 1902 en Lasarte, y al empezar la Guerra Civil vivía en Tolosa junto con su marido[144].
Cuando la capital de Bizkaia fue tomada por el ejército franquista, Anastasia Laplana no tuvo otra opción que volver a Tolosa. El 20 de julio, poco después de volver a Tolosa, la detuvieron, la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta, y el Tribunal Militar le abrió un procedimiento. La juzgaron a finales del mismo año en Donostia-San Sebastián junto con otras muchas personas de Tolosa, acusándola de incitar a la rebeldía, de promover la lucha contra los sublevados en Tolosa y de haber refugiado en su casa a los milicianos venidos de Navarra, de modo que el Tribunal Militar la condenó a una pena de cárcel de 6 años y un día. En cuanto recibió la sentencia firme, la trasladaron a la cárcel de mujeres de Saturraran (Mutriku) durante los primeros días de 1938, y fue ahí donde cumplió toda su condena.
Al igual que les ocurrió a muchas personas presas, a Anastasia Laplana también la obligaron a trabajar en la cárcel, y a partir de diciembre de 1938 tuvo que trabajar preparando la comida para sus compañeras. Los trabajos forzados conllevaban una disminución de la duración de la condena, de modo que pudo obtener una atenuación de la pena el 20 de agosto de 1940. Al salir de la cárcel se instaló a vivir en Ziordia, para lo cual requirió el aval de otra persona. Cuando en 1943 recibió la liquidación de la condena, seguía viviendo en Ziordia[145].
35. Larrañaga Areso, Ana
Nació el 13 de septiembre de 1894 en Beasain, y vivía en la calle Geltoki de Lasarte junto a su marido Saturnino Alcain y sus hijos e hijas[146]. Al igual que hicieron muchos lasartearras, pocas semanas después de que empezara la Guerra Civil, y con el objetivo de alejarse de los bombardeos, se refugiaron en un principio en el pueblo de Murga, y después en Sondika. Esta ruta la recorrió toda la familia Alcain Larrañaga, así como los padres de Ana Larrañaga.
Pero en el verano de 1937, cuando Bizkaia cayó en manos del ejército franquista, detuvieron y encarcelaron a Saturnino Alcain por cuanto fue movilizado por el Euskadiko Gudarostea, momento en el cual Ana Larrañaga decidió volver a Lasarte junto con sus hijos, pero las autoridades franquistas aprovecharon su vuelta para iniciar un proceso en su contra, por comulgar con el movimiento nacionalista y porque su marido estaba preso.
El proceso incluía los informes de las autoridades franquistas de Hernani y de los pueblos en los que vivieron como refugiados, y en todos ellos se le acusaba ser miembro de EAJ/PNV y de haber hecho declaraciones contra el régimen franquista, pero el Tribunal Militar decidió archivar el caso sin ninguna declaración de responsabilidad cuando no encontró ninguna señal de delito[147].
36. Larumbe Esparza, Francisca
Nació el 4 de octubre de 1894 en Tafalla, y antes de venir a vivir a Hernani en 1921, estuvo viviendo en Erandio, donde nacieron la mayoría de sus hijos e hijas. La familia Lema Larumbe, vino a vivir a una casa de la calle Elkano al principio de la década de 1920. Trabajaban en las distintas industrias del pueblo, y se integraron también en diversos movimientos políticos del pueblo; de hecho, muchos eran miembros de la UGT desde antes de la guerra, también Francisca Larumbe, quien participaba en las manifestaciones y reuniones del pueblo.
Habida cuenta de su militancia política, y por temor a la represión de los golpistas cuando empezó la Guerra Civil, la familia Lema Larumbe regresó a Erandio en septiembre de 1936 en busca de refugio. Cuando Bizkaia cayó en manos de los sublevados, huyeron junto con los milicianos y se refugiaron en el pueblo de Cobreces (Cantabria). Pero al cabo de pocas semanas, los franquistas lograron avanzar más y tomar también ese municipio, y a Francisca Larumbe y a sus hijas Araceli y Clara las obligaron a limpiar el cuartel general que disponía la Quinta Brigada de Navarra en el lugar.
En septiembre de 1937 pudieron regresar a Hernani, pero dada la militancia política de la familia, las detuvieron a las tres y las mantuvieron presas en la cárcel del pueblo hasta una fecha que está por concretar. Las autoridades franquistas las acusaron de ser miembros de la UGT y de haber gritado contra el tradicionalista Pablo Morencos cuando este fue detenido:
“estuvo vociferando que había que cortarle el pescuezo"[148].
Asimismo, las acusaron de haber hecho proclamas a favor de la lucha de los milicianos, a consecuencia de lo cual a Francisca Larumbe la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta en mayo de 1938.
Francisca Larumbe negó todas esas acusaciones, pero como el Tribunal Militar dio por buenos todos los informes de las autoridades franquistas, el consejo de guerra celebrado en mayo de 1939 la condenó a una pena de prisión de seis años acusada de “incitar a la rebeldía”[149]. A causa de esa sentencia, estuvo presa en la cárcel de Ondarreta, hasta que logró la libertad condicional en septiembre de 1940, tres haber cumplido tres años de cárcel[150]. Mientras estuvo presa en la cárcel, el Ayuntamiento de Hernani se hizo cargo de sus hijos Manuel y Alejandro, y en el caso de su hija Pilar, el régimen franquista la obligó a internarse en el convento de las Oblatas de Donostia-San Sebastián, con el objetivo de que la “reeducaran” y se alineara con los fundamentos franquistas[151].
37. Lasa Arcelus, Josefa
Nació el 3 de abril de 1882 en Segura, se casó con Lorenzo Ormazabal, también natural de Segura, y crearon a su familia allí. Por razones de trabajo, la familia decidió venir a vivir a Hernani en 1925, e instalarse todos juntos en una casa de la calle Elkano[152].
Los Ormazabal Lasa eran una familia muy amplia, contaban con 10 hijos e hijas, y en Hernani eran también conocidos por el apodo “Carafraile”. Algunos de los hijos participaron de forma destacada en la lucha que se fue organizando en el pueblo a partir de julio de 1936 en contra de los sublevados como miembro de la Junta de Defensa. Uno de los hijos de Josefa Lasa murió en el frente, y otros tuvieron que sufrir el exilio o la cárcel durante la dictadura.
Pero en septiembre de 1936, poco después de la toma de la cima de Buruntza por parte de los sublevados, la familia al completo huyó de Hernani y recorrió un largo camino en busca de un refugio, y, así, tuvieron que vivir en Elgoibar, Durango y Bilbao, y, finalmente, se refugiaron en el pueblo Solares de Cantabria hasta que este municipio cayera también en manos de los franquistas en agosto de 1937. En Solares, Josefa Lasa obtuvo el permiso de regresar a Hernani, pero nada más llegar las autoridades franquistas iniciaron una inspección contra ella.
Además de los informes del Ayuntamiento, FET-JONS y la Guardia Civil, recibió también denuncias en su contra de Lázaro Irujo y Magdaleno Bilbao que decían:
"[...] fue muy roja y muy mal conceptuada. Se le considera responsable moral de la conducta de sus hijos [...]”
Y también la acusaron de ser conocedora de las confiscaciones llevadas a cabo por la Junta de Defensa porque sus hijos eran miembros de dicha comisión.

Informe del Ayuntamiento de Hernani (airmn)
La encarcelaron en Hernani en base a esas acusaciones, y en febrero de 1938, tras emitir la orden de detención, la comandancia militar la llevó presa a la cárcel de Ondarreta. El Tribunal Militar acusaba a Josefa Lasa de apoyar al Frente Popular, así como de ser la responsable indirecta de las acciones llevadas a cabo por sus hijos, puesto que estos eran miembros de la Junta de Defensa. Sin embargo, en marzo de 1939 la fiscalía franquista tuvo que reconocer la falta de pruebas ante estas acusaciones, y propuso archivar el caso. Pero, asimismo, teniendo en cuenta la actividad de la familia Ormazabal Lasa contra el régimen franquista, la fiscalía propuso al juez desterrar a Josefa Lasa de Hernani. El auditor de guerra aceptó la propuesta de la fiscalía en su análisis del procedimiento, y obligó a Josefa a vivir a 50 kilómetros de Hernani.
El 27 de abril de 1939 salió de la cárcel de Ondarreta, y en cumplimiento de la orden de destierro tuvo que irse a vivir a Olaberria, sola, sin trabajo y sin ningún apoyo, obligándola a pedir ayuda social para poder sobrevivir[153].
38. Lasa Irazusta, Jesusa
Nació el 4 de marzo de 1912 en Hernani, y vivía en la calle Kardaberaz junto a su madre María Irazusta, su padre Javier Lasa, su marido Carmelo Magallón y sus hijos e hijas.
Al igual que hicieron muchos hernaniarras, poco después de que empezara la Guerra Civil, en los primeros días de septiembre de 1936, huyó toda la familia a causa de los bombardeos en Hernani. Al principio decidieron buscar refugio en Bilbao, junto a su hermana María Lasa y sus familiares. Pero en junio de 1937, cuando los sublevados se hicieron con la capital de Bizkaia, no tuvieron ninguna otra posibilidad que volver a Hernani, porque los franquistas habían movilizado a su marido Carmelo Magallón. En cuanto Jesusa Lasa llegó a Hernani, las autoridades franquistas iniciaron una inspección contra ella, Pero durante el proceso no la acusaron de nada más aparte de haber huido del pueblo, así que al final archivaron su causa en marzo de 1938, que es cuando Jesusa Lasa obtuvo su libertad definitiva[154].
39. Lasa Irazusta, María
Nació el 19 de agosto de 1898 en Hernani, y vivía junto a su marido José Ignacio Inchausti y sus hijos e hijas en la calle Kardaberaz[155].
Pero poco después de que empezara la Guerra Civil la familia tuvo que huir de su hogar, y se refugió en Bilbao junto con su hermana Jesusa Lasa y otros familiares, hasta que el frente de guerra alcanzara dicha ciudad, y en cuanto la cima del Artxanda se quedó en manos de los franquistas, no les quedó más remedio que presentarse ante las tropas de los sublevados. Los franquistas apresaron a su marido José Ignacio Inchausti y lo enviaron a hacer trabajos forzados, mientras que María Lasa pudo volver con sus hijos e hijas a Hernani.
Al igual que le ocurrió a su hermana Jesusa Lasa, nada más llegar los franquistas iniciaron un proceso contra ella, y la acusaron, según los informes analizados por el tribunal militar, de haberse relacionado con movimientos nacionalistas y haber huido de Hernani a causa de la guerra, pero como el auditor de guerra no le pudo imputar ningún delito, resolvió archivar su causa en marzo de 1938[156].
40. Lema Larumbe, Araceli
Nació el 7 de marzo de 1915 en Erandio, y a partir de 1921 estuvo viviendo en la calle Elkano de Hernani junto a su madre Francisca Larumbe y al resto de sus hermanos y hermanas[157].
Al empezar la Guerra Civil, la familia Lema Larumbe huyó de Hernani y decidió volver a Erandio. En efecto, diversos miembros de la familia, incluida Araceli Lema, eran militantes de la UGT y habían formado parte de las movilizaciones en Hernani, de modo que temían la represión que les pudieran imponer las tropas franquistas en cuanto entraran en el pueblo.
Al ver que Bizkaia estaba a punto de caer en manos de los franquistas, se trasladaron a Cobreces (Cantabria) junto con los milicianos, pero cuando las tropas franquistas entraron en Cobreces se quedaron en manos de los golpistas en agosto de 1937, quienes obligaron a Araceli Lema, su hermana Clara y su madre Francisca a limpiar los cuarteles que instalaron las tropas de los sublevados en ese municipio.
Al final, les dieron el permiso de regresar a Hernani, pero poco después de que llegaran, las autoridades franquistas dieron inicio a un proceso contra la familia Lema Larumbe, y encarcelaron a cuatro de sus miembros en la cárcel del pueblo a causa de su militancia política. Los franquistas acusaban a Araceli Lema de haber participado en las movilizaciones obreras y de haber hecho manifestaciones contra los sublevados. Así, en mayo de 1938, la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta junto a su hermana Clara Lema, su madre Francisca y la también hernaniarra Sofía Almandoz para que fueran juzgadas en el consejo de guerra.
El juicio contra estas hernaniarras se celebró al cabo de un año, en mayo de 1939, donde se admitieron los informes de las autoridades franquistas de Hernani, por lo que Araceli Lema fue acusada de “excitación a la rebelión” y condenada a una pena de cárcel de un año, Pero como llevaba en prisión provisional desde el mes de mayo del año anterior, la liberaron de la cárcel de Ondarreta el día 16 del mismo mes[158].
41. Lema Larumbe, clara
Nació el 4 de marzo de 1914 en Erandio, pero se fue a vivir con su familia a Hernani en 1921[159]. Al igual que su madre Francisca y su hermana Araceli Lema, era miembro de la UGT, y participaba junto con ellas dos en las acciones y movilizaciones de dicho sindicato.
Así, al empezar la Guerra Civil, Clara Lema se sumó a los grupos de los milicianos y durante los primeros días trabajó como enfermera en Hernani, pero pocos días después, dejó el puesto y regresó a Erandio junto con su familia.
Al igual que hicieron el resto de los miembros de su familia, tras haber permanecido varios meses en Erandio, en junio de 1937, cuando el ejército de los sublevados estaba a punto de tomar toda Bizkaia, Clara Lema se trasladó a Cobreces (Cantabria), donde se refugió junto con el resto de sus familiares, hasta que los sublevados la apresaran en agosto, pero en cuanto les dieron el permiso de volver a Hernani, la familia vino de vuelta al pueblo. Pocos días después de llegar a Hernani, detuvieron a la hermana junto a la tía, y al principio las tuvieron presas en Hernani, pero luego las trasladaron a la cárcel de Ondarreta.
Clara Lema estaba embarazada cuando la encarcelaron y tuvo una hija al cabo de poco tiempo, pero a causa de las lamentables condiciones de vida de la cárcel de Ondarreta, Clara Lema cayó enferma y en mayo de 1938 la trasladaron a la residencia de San José de Donostia-San Sebastián, para que continuara en prisión junto a su hija. Ese mismo mes, trasladaron también a su madre Francisca y a su hermana Araceli Lema a la cárcel de Ondarreta de Donostia-San Sebastián. Las tuvieron a todas en prisión preventiva hasta que fueron juzgadas en un consejo de guerra en mayo de 1939, junto a la también hernaniarra Sofía Almandoz. Según los informes de las autoridades franquistas de Hernani, estaba acusada de haber colaborado con la UGT, haber mostrado una actitud contraria a los sublevados y haber hecho manifestaciones contra ellos, mediante “lenguaje soez y falta de religiosidad”. De modo que terminaron imputándole haber incitado a las revueltas, y la condenaron a una pena de prisión de dos años y un día[160].

Ficha de refugiada de Clara Lema Larumbe (cdmh)
42. Lema Larumbe, Pilar
Nació el 8 de octubre de 1924 en Hernani y vivía en el barrio Antziola junto a su madre Francisca y sus hermanos y hermanas. Poco después de que empezara la Guerra Civil, huyeron de su casa y se tuvieron que dirigir hacia Bizkaia como refugiados[161].
Huyeron a causa de los bombardeos de los sublevados contra el pueblo y del miedo que estos les infundían, puesto
que varios miembros de la familia estaban afiliados a la UGT. Al principio encontraron refugio en Erandio, pero en junio de 1937 al ver que Bilbao estaba a punto de caer en manos del ejército franquista, se dirigieron hacia Cantabria, y se refugiaron en el pueblo de Cobreces.
Pero no pudieron volver a huir de ahí, porque en cuanto los sublevados tomaron Cobreces, los golpistas ordenaron a diversos miembros de la familia Lema Larumbe que limpiaran los cuarteles. Regresaron tras haber obtenido el permiso de volver a Hernani, pero los franquistas detuvieron a Pilar Larumbe, a su madre Francisca y a dos hermanas suyas bajo las órdenes de la FET-JONS, a pesar de tener solo 12 años. El alcalde y la Falange de Hernani acusaban a Pilar Lema de lo siguiente:
“[...] distinguiéndose por su irreligiosidad y lenguaje soez. Ha sido miliciana y se ha manifestado en tono cruel contra las derechas, su regreso a esta villa ha causado verdadera indignación [...]”.
A pesar de tratarse de una adolescente joven, las autoridades franquistas de Hernani reiteraron sus acusaciones con nuevos informes, hasta que el auditor de guerra analizó la causa en abril de 1938, quien, vista la edad de Pilar Lema, manifestó que estas denuncias no se fundaban sobre ninguna base real, y, a pesar de que para entonces Pilar ya no estaba encarcelada gracias a la prisión atenuada, como su madre seguía encarcelada y la acusaban de tener una actitud contraria al régimen franquista, el Tribunal Militar dejó su caso en manos del Tribunal Tutelar de Menores[162]. Al principio fue el Ayuntamiento de Hernani quien se hizo cargo de Pilar Lema y de sus hermanos Manuel y Alejandro, obligándolos a los tres a trabajar, a pesar de ser menores de edad, pero poco después, teniendo en cuenta los informes contra Pilar Lema, la dejaron a cargo de unos familiares de Lodosa, y, más tarde, en 1939, la llevaron contra su voluntad al convento de las Oblatas de Donostia-San Sebastián, con el objetivo de reeducarla, es decir, para alinearla con el régimen franquista[163].
43. Lesaca Biurrun, Pilar
Pilar Lesaca vivía en el barrio de Florida junto a su marido Felipe Escudero. Navarra de nacimiento, nació en Pamplona/Iruña en el año 1909. Su caso es un claro ejemplo de la represión sexuada que sufrieron las mujeres durante la dictadura, ya que la detuvieron en enero de 1942 y la encarcelaron en Ondarreta por haber abortado.
Es decir, la encarcelaron por haber interrumpido su embarazo, y, además, las malas condiciones de vida de la cárcel le perjudicaron gravemente la salud, puesto que en abril de 1943 tuvo que ser atendida en el hospital San Antón Abad, donde estuvo presa durante muchos meses, hasta que en noviembre de 1944 fue trasladada a la cárcel de mujeres de Amorebieta-Etxano.
Fue juzgada por el régimen franquista en el tribunal de Donostia-San Sebastián mientras estaba presa en Amorebieta-Etxano, y en febrero de 1945, la condenaron a 6 años y un día. Finalmente, en agosto de 1946, tras haber permanecido presa durante cuatro años y ocho meses, logró la libertad condicional, gracias a la cual pudo volver a vivir en Hernani[164].

Ficha penitenciaria de Pilar Lesaca Larumbe (aga)
44. Lete Lete, Josefa
Nació el 8 de enero de 1903 en Astigarraga, pero vivió durante muchos años en Hernani. Tenía una tienda de alimentación en la calle Kardaberaz, donde vivía en una casa junto a sus dos hijos, su hermana Joaquina Lete y la familia de esta[165].
Tuvieron que cerrar la tienda a causa de la Guerra Civil, y huyeron todos los miembros de la familia, embarcándose en un barco en Donostia-San Sebastián en dirección a Santander, desde donde se trasladaron a Durango y donde permanecieron durante cuatro meses. Más tarde, se refugió en Bilbao hasta que los golpistas tomaron la ciudad.

Informe de la FET-JONS (airmn)
En ese momento, Josefa Lete tomó la decisión de regresar a Lasarte junto con sus hijos Pedro y José, pero la detuvieron en cuanto llegaron, y la llevaron a declarar al cuartel de la Guardia Civil. Las autoridades franquistas de Hernani la acusaban de ser de izquierdas y de haber utilizado su tienda para proteger a los militantes de izquierdas, para que estos escondieran sus armas. Asimismo, la acusaban de haber participado en diversas acciones como “[...]manifestaciones, mítines, entierros civlles, jiras campestres y orgías marxistas [...]' además de haber utilizado una ametralladora junto a los milicianos en Hernani. Josefa Lete negó todas esas acusaciones, muchas de las cuales fueron, además, retiradas por los propios franquistas, y el resto se basaban en que su marido era una persona importante en el movimiento de izquierdas de Hernani. A pesar de todo ello, en febrero de 1938 las autoridades franquistas emitieron una orden para encarcelar a Josefa Lete en la prisión de Ondarreta.
Tras haber permanecido más de un año en prisión provisional, el tribunal de Donostia-San Sebastián resolvió que las diligencias que había en su contra no tenían ningún indicio de delito, pese a todo lo cual Josefa Lete no quedó libre porque fue acusada, por una parte, por las autoridades franquistas de Bilbao de haber denunciado a las personas que estaban a favor del golpe de Estado, y por otra, por la familia Vicario e Inés Negrete, los dueños de la casa donde vivió como refugiada, de haber saqueado dicha casa. Así, el propio tribunal de Donostia-San Sebastián ordenó que la juzgaran los tribunales de Bilbao, por lo que en enero de 1940 la trasladaron a la cárcel de mujeres que tenían los franquistas en el chalet Orue de Bilbao.
Pero el señor Fermín Osés, que también estuvo refugiado en la misma casa de Bilbao, manifestó que la responsabilidad de los bienes de esa casa la repartieron entre las tres familias que estaban refugiadas allí antes de que Josefa Lete hubiera llegado aún, así como que entre esas familias se encontraban los Gorospe Caracciolo y los Armendariz Caracciolo, y que ella no recibió ningún bien ni tuvo ninguna responsabilidad al respecto en ningún momento.
Gracias a esas declaraciones logró la libertad por prisión atenuada en octubre de 1940, a pesar de que la condenaran a limpiar las oficinas del auditor de guerra durante un mes. Pero cuando terminó el mes, logró reunirse con su familia en el caserío Gurutzeta de Astigarraga, aunque tuviera que ir a firmar cada quince días al cuartel de la Guardia Civil. En noviembre de 1940 recuperó la libertad definitiva, tras la resolución por parte de los tribunales de que el procedimiento en su contra carecía de fundamento, después de haber estado presa durante más de tres años[166].
45. Macazaga Aduriz, Ignacia
Nació el 18 de julio de 1904 en Donostia-San Sebastián, y a partir de 1934 vivió junto a su marido Esteban del Val y sus hijos e hijas en la Kale Nagusia de Lasarte[167].
Aunque viviera en Lasarte, trabajaba en la fábrica textil Brunet de Oria, donde obtenía el sustento para mantener a la familia, porque su marido Esteban del Val estaba hospitalizado en el sanatorio San Antonio de Andazarrate desde antes de la guerra por la tuberculosis. Pero al estallar la guerra, en el verano de 1936 cerraron la fábrica de Oria, por lo que Ignacia Macazaga ya se había ido a vivir a Donostia-San Sebastián para el mes de septiembre, con su hija mayor que también se llamaba Ignacia, como ella, mientras que las otras hijas, Benicia y Josefa se quedaron en Tolosa.
Durante las primeras semanas de la guerra se puso la ropa de miliciana para ir de Donostia-San Sebastián a Lasarte, pero cuando la parte oriental de Gipuzkoa estuvo ya a punto de caer en manos de los franquistas, huyó a Bilbao con su amiga María Arrizabalaga. Pero cuando la capital de Bizkaia fue rodeada por las columnas de los golpistas, María Arrizabalaga decidió buscar refugio en el Estado francés en junio de 1937. Ignacia Macazaga, sin embargo, no siguió el mismo camino, y cuando la ciudad cayó en manos de los franquistas, eligió regresar a Lasarte.
Estuvo presa en la cárcel que tenían los franquistas en el refugio de San José de Donostia-San Sebastián al menos desde diciembre de 1937, junto a su hija María Begoña de varios meses de edad. La razón de su detención fue una denuncia presentada por los familiares de Timoteo Marcellán y Juan Lacruz, porque el 3 de septiembre de 1936 los milicianos detuvieron y fusilaron en Lasarte a unos requetés que vinieron de Tolosa, de modo que acusaron a algunos miembros de la Junta de Defensa de haber perpetrado dicho asesinato, y dijeron que Ignacia Macazaga se hizo un collar con las orejas de uno de los fusilados. Asimismo, el antiguo jefe de la FET-JONS, Sebastián Echaniz, la acusó en un informe de haber sido miembro de las JS y de haber actuado vestida de miliciana junto a los jóvenes que iban al frente y haber participado en las confiscaciones.
Ignacia Macazaga negó todas estas acusaciones, y se limitó a decir que se vistió de miliciana durante unos pocos días solamente. Sin embargo, el juez admitió las acusaciones y le imputó un “delito de rebelión”, dando inicio a un consejo de guerra contra ella. Cabe destacar que las condiciones de vida del refugio de San José eran realmente duras y que a consecuencia de ello la hija María Begoña enfermó gravemente en noviembre de 1938, por lo que tuvieron que trasladar a Ignacia Macazaga y a su hija al Hospital de Donostia / San Sebastián.
Pero los testimonios recogidos en Lasarte antes del juicio anularon la acusación de que se había hecho un collar con las orejas de los requetés fusilados en Lasarte, así como la de que había actuado en las confiscaciones contra lo manifestado por las autoridades, de modo que la terminaron acusando por el delito de haber “incitado a la rebelión” por haberse juntado con los milicianos vestida con un buzo azul y por haber huido a Bilbao como refugiada. Por todo ello, la condenaron a un año de cárcel en abril de 1939, pero como para esa fecha ya llevaba presa al menos 17 meses, recuperó la libertad el 8 de mayo del mismo año y regresó a vivir a Lasarte[168].
46. Marticorena Arruti, Josefa
Nació el 4 de febrero de 1871 en Donostia-San Sebastián, y antes de la guerra vivió en la Kale Nagusia de Hernani en la casa de su hijo José Antonio Urquía, donde también vivían la esposa de este, su hijo y su hermano Casimiro. Al empezar la Guerra Civil huyó de Hernani por miedo a los bombardeos. Al principio se fue a Zarautz, y más tarde a Mundaka, pero en abril de 1937 huyó al pueblo de Zamarillo, donde permaneció hasta el mes de julio. Finalmente, el 15 de ese mes se presentó ante las autoridades franquistas en Hernani, por lo que se inició una información gubernativa contra ella, pero como no había ningún motivo para inculparla, en marzo de 1938 se archivó su caso[169].
47. Moncayo Garces, Pilar
Nació en Hernani el 12 de marzo de 1916 y desde antes de la guerra vivía en la Kale Nagusia junto a su hija recién nacida Juana, la abuela Águeda Martínez, su tío Gabriel Moncayo y los hijos e hijas de este[170].
La familia se alineaba los movimientos de izquierdas, de hecho, el tío Gabriel Moncayo era uno de sus miembros destacados, ejemplo de lo cual es que en la Huelga Revolucionaria de 1934 se guardaron armas para los huelguistas en la casa de los Moncayo, y que a consecuencia de ello tuvieron que sufrir una gran represión. Sin embargo, la familia siguió apoyando a los partidos que componían el Frente Popular, y en las elecciones de febrero de 1936, Pilar y su tío Gabriel hicieron guardias en las mesas electorales de Fagollaga a favor del Frente Popular, al igual que hicieron todos los partidos, pero Pilar Moncayo fue detenida porque llevaba una pistola encima.
Pilar Moncayo participaba también como abanderada de las JSU en las movilizaciones socialistas, y al empezar la Guerra Civil en el verano de 1936 se sumó a las milicias organizadas por dichas movilizaciones. Trabajó en la cocina preparando la comida para los milicianos en Hernani, pero en septiembre de 1936 a consecuencia del avance de los sublevados, dejó su pueblo y se vio obligada a huir como refugiada, tomando a su hija Juana en brazos. Al principio se refugiaron en Donostia-San Sebastián y en Bilbao, y más tarde consiguió coger un barco en Santander y cruzó el Estado francés hasta llegar a Cataluña acompañada de su hija. Se refugiaron en el pueblo de Vilassar de Dalt, hasta que este fue tomado por los sublevados durante los últimos meses de la guerra.
En ese momento no tenían más opción que regresar, y volvieron en marzo de 1939 a Hernani, donde la obligaron a prestar declaración ante la Guardia Civil nada más llegar. Tras recoger los informes de la Falange y del Ayuntamiento, la detuvieron y la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta. Las autoridades de Hernani vertieron innumerables palabras de desprecio en sus denuncias contra Pilar Moncayo y su familia, y llegaron a denunciar que había tenido una relación con su tío Gabriel Moncayo fruto de la cual había nacido un bebé. La describieron con calificativos como: “...Conducta y moralidad malas. Perfecta indeseable...”, por ejemplo.
Sin embargo, mientras estaba presa en la cárcel de Ondarreta obtuvo un aval de un familiar y logró salir de la cárcel en diciembre de 1939 mientras esperaba la sentencia. Se fue a vivir a la casa de los familiares de quienes obtuvo el aval en Donostia-San Sebastián, y pocos meses después, cuando el auditor de guerra de Bilbao investigó el procedimiento iniciado en su contra por el Tribunal Militar, no encontró ningún rastro de delito, y, en consecuencia, decidió archivar el caso[171].
48. Matesanz Benito, Casimira
Nació el 4 de marzo de 1884 en Leaburu, pero se casó con el tolosarra Eduardo Beguiristian y se fue a vivir a la orilla del río Oria. En torno al año 1920, la familia siguió bajando por la orilla del río y se fue a vivir a Lasarte junto a sus hijos Jesús, Julián e Ignacio[172].
La familia Beguiristain Matesanz apoyaba a los partidos republicanos y de izquierdas que componían el Frente Popular. Cuando se dio el golpe de Estado contra el gobierno de la República, los hijos de Casimira Matesanz se sumaron como milicianos desde el primer instante a la lucha contra los golpistas. Jesús Beguiristain Matesanz, por ejemplo, fue jefe de la compañía de milicianos Bala Roja que defendió Buruntza. Su marido Eduardo Beguiristain fue también un miembro destacado del movimiento republicano de Lasarte desde antes de la guerra[173].
En consecuencia, en septiembre de 1936, cuando las columnas golpistas tomaron la zona oriental de Gipuzkoa, la familia tuvo que huir, pero mientras los hijos seguían luchando, Casimira Matesanz y su marido Eduardo Beguiristain se refugiaron en un principio en Zarautz, más tarde, se dirigieron hacia Bizkaia, y poco después el matrimonio se estableció en el Valle de Carranza, donde Casimira Matesanz trabajó en una taberna durante el verano de 1937.
Pero cuando la zona occidental de Bizkaia se convirtió en un frente de guerra, el Gobierno Vasco dio la orden de evacuar esta comarca y la pareja encontró refugio en la ciudad de Santander (Cantabria)[174]. Pero Santander también cayó en manos de los franquistas al cabo de pocas semanas, que fue cuando apresaron y encarcelaron a su marido Eduardo. Lo trasladaron a la cárcel que había en el monasterio San Pedro de Cardeña (Burgos), donde murió en noviembre de 1937 a consecuencia de la mala calidad de vida que sufrió durante su cautiverio[175].
Los hijos Jesús y Julián, por su parte, estuvieron detenidos en el campo de concentración de Gurs por haber luchado como milicianos durante la guerra, y cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, Jesús y Julián Beguiristain decidieron seguir luchando. Julián se sumó al bloque de los Aliados cuando estos liberaron al Estado francés y murió luchando con ellos. Jesús, por su parte, siguió trabajando en la clandestinidad para el PCE en el Estado francés, y murió tras enfermar a consecuencia de la severidad de las condiciones de vida que tuvo que soportar.
Casimira Matesanz, por su parte, logró el permiso para volver a Lasarte, y regresó junto a su hijo Ignacio Beguiristain Matesanz. Pero nada más llegar la obligaron a prestar declaración ante la Junta Informativa de las autoridades franquistas y la FET-JONS, tras lo cual enviaron un informe al Tribunal Militar en el que la acusaban de ser de izquierdas y de hacer propaganda a favor de esa ideología. Casimira Matesanz negó dichas acusaciones en todo momento, al igual que hicieron los testigos convocados en Lasarte. El dueño de la casa donde vivió en el Valle de Carranza y los trabajadores de la taberna donde trabajó también manifestaron que su comportamiento era bueno, pero el jefe de la FET-JONS del lugar la acusó de tener una actitud contraria a los golpistas y de relacionarse con la sede de los comunistas de Carranza y de trabajar para ellos. Además, en las declaraciones de diversos golpistas del Valle de Carranza, entre las cuales se encontraba Carmen Garay y García, se la acusaba de ser miembro del movimiento comunista del Valle de Carranza, así como de obligar a Carmen Garay y a su hermana a coser una bandera comunista.
Casimira Matesanz tuvo que sufrir momentos muy duros durante esos años, puesto que estaba viuda y dos hijos suyos seguían luchando en Cataluña, a consecuencia de lo cual tuvo que pedir asistencia social, y a pesar de ello lograba vivir con lo justo. Asimismo, aunque negara en todo momento las denuncias por las que se le acusaba, la fiscalía le imputó de “adhesión a la rebelión” y emitió una orden de detención en su contra. Así, el 8 de febrero de 1939 la Guardia Civil la detuvo en Hernani y la llevaron presa a la cárcel de Ondarreta, pero como las diligencias en su contra no tenían sentido, quedaron anuladas el 3 de abril del mismo año, mediante la declaración de que su ideología y las manifestaciones hechas en su defensa habían sido castigadas con el tiempo permanecido en prisión provisional, a pesar de lo cual no pudo salir de la cárcel hasta el 23 de abril176. Cuando salió de la cárcel, pudo volver a Lasarte, donde tuvo que vivir unos años muy duros, se había quedado viuda, tuvo que hacerse cargo de su hijo pequeño Ignacio, y durante los siguientes años recibió la noticia de la muerte de sus otros dos hijos, Jesús y Julián.
49. Moreira Losada, Juana
Nació el 4 de marzo de 1895 en Monforte (Lugo), y vivía en al barrio Florida de Hernani desde antes de la guerra junto a su marido Gregorio Serrano y sus hijos e hijas[177].
La familia Serrano Moreira participó en el movimiento obrero desde el primer momento. De hecho, algunos miembros de la familia se enrolaron en el Euskadiko Gudarostea, y el resto, como, por ejemplo, Juana, huyeron y se refugiaron en Bizkaia. Cuando la provincia cayó en manos del ejército franquista regresaron a Hernani, y nada más llegar obligaron a la familia a prestar declaración ante las autoridades franquistas, quienes también iniciaron procedimientos en su contra. En el caso de Juana Moreira, en vista de que no había delito alguno, resolvieron archivar su caso el 20 de enero de 1938[178].
50. Novales Roche, Matilde
Nacida el 11 de marzo de 1895 en la provincia de Zaragoza. Vivía en la calle Kardaberaz junto a su marido Martín Iñiguez, natural de su misma provincia, y sus cinco hijos e hijas.
Cuando las noticias de guerra llegaron a Hernani en el verano de 1936 y aumentaron los bombardeos, la familia cerró la casa y emprendió un camino de peregrinaje con todo lo que podían llevar puesto para buscar un refugio. Al principio se dirigieron a Zumaia, y más tarde a Bilbao, desde donde a consecuencia del avance del ejército franquista tuvieron que ir al pueblo de Voto (Cantabria), hasta que cayeron en las garras de los franquistas en agosto de 1937.
Matilde Novales, tras obtener un permiso de paso, tuvo la posibilidad de volver a Lasarte para el mes de septiembre, pero poco después de llegar, la citaron a declarar en el cuartel de la Guardia Civil, donde las autoridades franquistas la acusaron de ser de izquierdas y de participar en las manifestaciones y portar la bandera en ellas, además de haber apoyado públicamente al Frente Popular. Además, en el momento en que vertieron las denuncias en su contra, tenían prisionero a su hijo Luis Iñiguez y se evidenciaba la voluntad de las autoridades de relacionarla con las acciones por las que acusaban a su hijo, apoyadas, sobre todo, por el alcalde de Hernani y la Guardia Civil. Sin embargo, tanto el jefe de la FET-JONS como el resto de los testigos dijeron que su participación no fue destacable.
A pesar de que Matilde Novales negara en todas sus declaraciones las denuncias vertidas en su contra, se admitieron los informes del alcalde y de la Guardia Civil y fue trasladada a la cárcel de Ondarreta junto a otras personas de Hernani en febrero de 1938, donde permaneció a la espera de juicio, que se celebró en mayo del mismo año. Tras resolver que las denuncias contra ella no tenían sentido, se archivó el procedimiento contra Matilde Novales, gracias a lo cual recuperó la libertad definitiva el 9 de mayo de 1938[179].
51. Ocariz Tarazona, Concepción
Nació en Errenteria y vivía en Lasarte, en la zona que formaba parte de Hernani. Durante la República estaba afiliada al sindicato UGT y era, además, una mujer con una profunda ideología de izquierdas. Al estallar la guerra, su marido se fue a luchar como miliciano, y, en consecuencia, se fue junto a él hasta Santander en retirada. Concepción consiguió regresar a Lasarte cuando condenaron a su marido a la cárcel y a trabajos forzados. Mientras el marido estaba en la cárcel, Concepción tuvo que hacer diversos trabajos, hasta que a finales de 1938 empezó a trabajar en la empresa Brunet, en Oria, Donde trabajaba en el departamento de las bobinadoras junto a otras 14 mujeres.
El 2 de enero de 1939, la foto de Francisco Franco de su departamento apareció con un ojo y el bigote agujereados, por lo que el encargado presentó una denuncia y, acto seguido, las autoridades franquistas realizaron un interrogatorio a todo el personal y la mayoría acusaron a Concepción, diciendo que era de izquierdas y que manifestaba públicamente sus opiniones contra el Movimiento Nacional. Así, a pesar de que nadie hubiera visto la agresión contra la foto, habida cuenta de sus antecedentes, en un consejo de guerra del 2 de agosto de 1939 el tribunal resolvió que Concepción fue la instigadora de ese acto y que por lo tanto llevó a cabo una propuesta contra la sublevación militar, por lo que la condenó a una pena de cárcel de tres años[180].
52. Orradre Lujambio, María
Nació el 11 de diciembre de 1885 en Hernani, y vivía en la calle Perkaiztegi junto a su marido Javier Salinas y sus hijos e hijas. El 10 de septiembre, unos días antes de que los golpistas tomaran Hernani, María Orradre huyó de Hernani[181]. Al principio se quedó dos días en Zarautz, y después una semana en Maltzaga, desde donde se fue a Durango y se refugió durante siete meses, hasta que se fue a Bilbao el 13 de junio. Desde ahí se fue enseguida al pueblo de Zaramillo, donde tras pasar la noche, regresó a Hernani y se presentó ante las autoridades franquistas, y en ese mismo momento, el tribunal inició un proceso en su contra. Pero tras considerar las declaraciones de diversos testigos, se declaró que no había delito y se archivó el caso en diciembre de 1938[182].
53. Ortiz Martínez, Calixta
Nació el 19 de enero de 1867 en Villasana de Mena (Burgos). Vivía en la Kale Nagusia de Hernani junto a Domingo Prieto y las hijas de ambos[183]. Tras estallar la Guerra Civil, huyó de Hernani el 9 de septiembre y se fue a Donostia-San Sebastián con el marido y sus nietas, que serían, seguramente, las dos hijas de su hija Amparo, Pilar e Isabel Andre Prieto. En efecto, Amparo y su marido estaban inmersos en el movimiento político de izquierdas y se movilizaron en defensa del pueblo durante los primeros meses.
Tras permanecer tres días en Donostia-San Sebastián, Amparo, su marido, las nietas y una hija huyeron a Bilbao, donde se refugiaron durante nueve meses, en una calle de Deusto. Pero cuando los sublevados entraron en la capital de Bizkaia, huyeron al pueblo Guriezo de Cantabria, y cuando este pueblo también cayó, regresaron a Hernani. En el caso de Calixta, los tribunales iniciaron una inspección en su contra nada más regresó al pueblo. El Ayuntamiento de Hernani presentó diversas denuncias contra ella:
“[...] era muy roja [...] enemiga acérrima del Movimiento Nacional levantando el puño desde el balcón de su casa al paso de las milicias comunistas [...]".
Sin embargo, el auditor manifestó que las denuncias del ayuntamiento contradecían el resto de los informes y las declaraciones de los testigos, de modo que archivaron su causa en mayo de 1938[184].
54. Otamendi Olloquiegui, Manuela
Nació el 17 de febrero de 1918 en Hernani, y desde antes de la guerra vivía en la Kale Nagusia junto a su hermana Juana y su hermano Damián y su padre Francisco Otamendi[185].
Al estallar la guerra, se sumó desde el primer momento junto a su hermano Damián a las milicias que se organizaron para luchar contra los golpistas. Manuela Otamendi se vistió el buzo de miliciana y se fue al frente, y trabajó preparando la comida y la bebida, limpiando la ropa y demás enseres en el caserío Bortolua-enea, desde donde les llevaban todas las provisiones a los milicianos que estaban en el parapeto del monte Onddi. Tras ver que no podían frenar el avance de las columnas golpistas, Manuela Otamendi se dirigió hacia Bizkaia junto a los milicianos, primero a Zarautz, luego a Lekeitio, y finalmente hacia Bilbao. Siguió trabajando para los milicianos durante algunos meses, y después, dejó esas tareas y vivió como refugiada en Bilbao junto a la familia de su pareja Manuel Seijo. Pero antes de que la ciudad cayera en manos de los franquistas, huyó con dicha familia a Santander, y desde allí logró llegar hasta Pasaia, cuando Cantabria estaba a punto de caer en manos de los sublevados.
Consiguió llegar a Lasarte, pero la detuvieron enseguida y la encerraron en la sede de la FET-JONS, porque, al parecer, llas autoridades franquistas del pueblo habían vertido acusaciones muy graves contra ella, como por ejemplo haber actuado como miliciana e ir armada. Sin embargo, la acusación más grave consistía en haber tenido relaciones sexuales con los milicianos:
“dedicarse a una vida de orgías y placeres... acompañaba en todos momentos a los milicianos rojos al monte para satisfacer sus vicios”.
Manuela Otamendi manifestó en sus declaraciones que solo se limitó a limpiar la ropa y preparar la comida, pero como los tribunales militares franquistas habían iniciado un procedimiento en su contra, le impusieron una pena de cárcel provisional. Sin embargo, los testigos presentados en este proceso no confirmaron las denuncias de las autoridades franquistas del pueblo y no presentaron ningún tipo de documentación, por lo que en octubre de 1938 el propio juez reconoció la falta de pruebas y archivó la causa, por lo que Manuela recuperó su libertad. Sin embargo, la condenaron al destierro y le impusieron la prohibición de vivir en Hernani, tal y como solicitaron las autoridades de Hernani, a consecuencia de lo cual Manuel tuvo que irse a vivir a Bilbao, pero cabe suponer que enfermó a consecuencia de las malas condiciones de vida sufridas en la cárcel, y murió en el hospital San Antonio Abad de Donostia-San Sebastián el 15 de febrero de 1941 a causa de la tuberculosis, justo una semana después de haber cumplido 23 años[186].
55. Pérez Izarra, Aniana
Nació en 1893 en el pueblo de Calzada de los Molinos (Palencia). Vino a vivir a Hernani en torno al año 1927 junto a su madre, quien murió poco después de que estallara la guerra, y Aniana se fue a vivir a casa de su paisana Constantina Asín[187]. Aniana Pérez trabajaba en la empresa de cerámicas Sangrá, y estaba afiliada al Sindicato Cerámico de Hernani de la UGT. El día en que los golpistas tomaron Hernani huyó del pueblo y se fue a Donostia-San Sebastián, desde donde se dirigió a Santurtzi en un barco. Allí estuvo trabajando en un comedor de refugiados hasta junio de 1937, cuando el día quince del mes se embarcó en el Govea y se dirigió hacia Santander. Pero al día siguiente de haber embarcado, la armada golpista la apresó en mar abierto y la llevaron al puerto de Pasaia, desde donde la trasladaron al santuario de Loiola, hasta que le permitieron regresar al pueblo.
La detuvieron al llegar a Hernani y la llevaron a la cárcel de Ondarreta, mientras que el Tribunal Militar iniciaba el proceso sumarísimo contra ella. Las autoridades franquistas de Hernani emitieron diversos informes contra ella durante el proceso, en los que, entre otras cosas, se le acusaba de haber enterrado a su madre en un funeral civil, haber acudido a manifestaciones y eventos revolucionarios, haber enarbolado la bandera comunista o haber amenazado a la gente de derechas del pueblo. La sentencia se resolvió en Donostia-San Sebastián el 4 de noviembre de 1938, y la condenaron a un año de cárcel por haber propuesto la revuelta, pero tras descontar el tiempo que había permanecido ya en la cárcel, salió el 15 de noviembre de la cárcel de Ondarreta[188].

Aniana Perez Izarra sentada en medio (airmn)
56. Prieto Ortiz, Amparo
Nació el 25 de septiembre de 1901 en Vivanco de Mena (Burgos). Estaba casada con el barbero José Andrés y vivían junto a sus dos hijas en una casa de la calle Kardaberaz.
Amparo Prieto trabajaba en una curtiduría, pero al estallar la guerra la cerraron, y como el frente de guerra estaba cerca, empezó a trabajar en las cocinas que se establecieron en la casa de la beneficencia, en tanto que era militante de la UGT. Pero cuando empezaron a bombardear el pueblo, al ver que iba a quedar pronto en manos de los sublevados, huyeron para encontrar refugio, primero en Bilbao, y más tarde, vista la evolución de la guerra, en Santander.
Cuando la capital de Cantabria quedó en manos de los sublevados en agosto de 1937, Amparo Prieto y toda su familia estaban allí, y desde allí tuvieron la oportunidad de volver a Hernani, pero poco tiempo después de volver, las autoridades franquistas pusieron en marcha una investigación contra Amparo Prieto. En febrero de 1938, detuvieron a Amparo Prieto y a su marido y los llevaron junto a otros muchos hernaniarras a la cárcel de Ondarreta. La acusaban de tener una actitud contraria al régimen franquista, pertenecer a la UGT, haber trabajado como cocinera para los milicianos, ser comunista, haber hecho proclamas contra los sublevados, haber participado en las manifestaciones y haber apoyado a los milicianos, entre otras cuestiones. Todas esas acusaciones fueron presentadas por las autoridades franquistas de Hernani.
La mantuvieron presa en prisión provisional a causa de su militancia política, hasta que se dictó sentencia en junio de 1939. En el juicio no le pudieron acusar de ningún delito y archivaron su causa. Amparo Prieto salió de la cárcel el 24 de julio, pero el auditor de guerra que emitió la sentencia ordenó a las autoridades franquistas de Hernani que la vigilaran de forma rigurosa[189].
57. Samperio Peluaga, Leona
Nació el 28 de junio de 1870 en Errenteria[190], y era la esposa del famoso abogado cercano al PNV Aniceto Rezola. La pareja vivía en Donostia-San Sebastián junto a sus hijas Concepción y María Cruz.
Al estallar la Guerra Civil, la familia tuvo que huir de Gipuzkoa y refugiarse en Bilbao. Pero a finales del año 1936, su marido Aniceto Rezola falleció, y se quedó viuda, de modo que se quedó viviendo junto a sus dos hijas en la capital de Bizkaia hasta que en junio de 1936 la ciudad cayera en manos del ejército golpista, momento en que decidió regresar a Donostia-San Sebastián. Pero al llegar vio que les habían incautado todos los bienes que estaban a nombre de Aniceto Rezola, por lo que Leona Samperio tuvo que venir a vivir a una casa que tenía en Hernani.
Sin embargo, la represión contra la familia Rezola Samperio no terminó ahí. En efecto, en noviembre de 1938 la policía franquista registró la casa familiar a causa de una denuncia por guardar supuestamente unos objetos, entre los cuales se hallaría el bastón de mando de Manuel Cruz Bellido, quien fue juez de Donostia-San Sebastián antes de la guerra y se mantuvo leal a la República durante la Guerra Civil. Este fue un juez de los tribunales populares de Bizkaia, pero cuando la cornisa Cantábrica cayeron en manos de los sublevados se tuvo que refugiar en el extranjero, y antes de marcharse le dio su bastón de mando y diversos objetos más a Leona Samperio para que se los entregara a su familia, y así hizo Leona, quien devolvió los objetos a la familia de Manuel poco después de regresar a Hernani. En consecuencia, todos los objetos y joyas que se llevaron tras haber registrado la casa pertenecían a la familia Rezola Samperio.
El Tribunal Militar inició diligencias contra ella en base a dicha confiscación y la denuncia, ante lo cual Leona Samperio consiguió presentar los testimonios de los familiares de Manuel Cruz Bellido, y que se archivara el proceso en enero de 1943. Los objetos incautados le fueron devueltos al cabo de cuatro años, cuando Leona Samperio y sus dos hijas ya estaban viviendo en Donostia-San Sebastián[191].
58. Serrano Moreira, Aurora
Nació el 15 de junio de 1914 en Palanquinos (León)[192]. Vivía en el barrio Florida junto a sus padres Juana Moreira y Gregorio Serrano y sus hermanos y hermanas. Su padre Gregorio Serrano era jefe de la estación de Hernani y al empezar la Guerra Civil, al igual que hicieron cientos de trabajadores del barrio, abandonaron su hogar para huir de los bombardeos franquistas y se mudaron a la capital de Bizkaia.
Allí Aurora Serrano trabajó en la industria bélica para el Euskadiko Gudarostea, cosiendo ropa para los combatientes y milicianos. Pero cuando empezaron los combates entre el ejército franquista y los rebeldes en la cima de Artxanda, tuvieron que refugiarse en Santander, hasta que esta ciudad cayera también en manos de los franquistas.
Así, a principios de septiembre de 1937 tuvieron que regresar todos a Hernani, y nada más llegar las autoridades franquistas iniciaron procesos contra los cuatro miembros de la familia, entre los cuales estaba también Aurora Serrano, quien fue encarcelada junto a su padre Gregorio Serrano en la cárcel de Ondarreta con una pena de prisión provisional. Las autoridades franquistas la acusaron de apoyar el Frente Popular y de participar en el esfuerzo bélico a favor de la República, además de haberse llevado los bienes de la casa donde estuvo refugiada en Bilbao.
Pero según el testimonio del dueño de la casa de Bilbao, lo que se manifestaba en la denuncia contra Aurora Serrano era mentira, y gracias a otra serie de testimonios a favor de Aurora Serrano, y tras resolver el juez que los hechos imputados en la sentencia dictada en diciembre de 1938 no constituían delito, pudo recuperar su libertad el 3 de enero de 1939, fecha hasta la cual estuvo en prisión provisional durante 16 meses[193].
59. Serrano Moreira, Elena
Nació el 11 de septiembre de 1915 en Palanquinos (León), donde su padre Gregorio Serrano era trabajador del ferrocarril, quien, tras haber obtenido el puesto de jefe de estación de Hernani en 1933, se trasladó junto a toda su familia a Gipuzko[194]. Elena Serrano vivía junto a sus padres Juana y Gregori y sus hermanos y hermanas en una casa del barrio Florida.
En el verano de 1936, nada más empezar la Guerra Civil, a consecuencia de los bombardeos efectuados por el ejército franquista contra el pueblo, se refugiaron todos juntos en Bilbao y Santander, y cuando los sublevados tomaron esta última ciudad, tuvieron que regresar todos juntos de nuevo a Hernani en septiembre de 1937. Nada más llegar al pueblo, los franquistas les interrogaron e iniciaron un proceso contra ellos, y encarcelaron a su hermana Aurora Serrano y a su padre Gregorio Serrano.
A Elena Serrano no la encarcelaron, pero recibió una denuncia por parte de las autoridades franquistas de Lasarte, en la que se la acusaba de haber apoyado al Frente Popular y de haber participado en las movilizaciones a su favor junto a su madre Juana Moreira y su hermana. Los testigos presentados por Elena Serrano negaron la acusación contra ella, así como un informe enviado desde la FET-JONS de Hernani al juez, y a consecuencia de todo lo anterior, el auditor de guerra resolvió archivar el proceso en enero de 1938 sin ninguna declaración de responsabilidad[195].
60. Setién cortajarena, Teresa
Nació el 8 de marzo de 1915 en Hernani, y vivió en una casa de la calle Elkano junto a su madre Juana Cortajarena y sus hermanos y hermanas[196].
Durante la Guerra Civil, su hermano Ignacio fue militante de EAJ/PNV de la Junta de Defensa de Hernani, y fue, en concreto, comisario del Orden Público, así como combatiente del batallón nacionalista Amaiur, hasta que la cornisa Cantábrica cayeran en manos del ejército franquista. En ese momento, el hermano de Teresa decide huir a Francia, para lo cual se pone en contacto con una red de ayuda para la huida con la intermediación de Teresa. Pero a causa de las detenciones que efectuaron contra esta red de huida, detuvieron a los dos hermanos.
A Ignacio lo mantuvieron en prisión permanente hasta que se pronunció la sentencia en julio de 1940, mientras que para entonces Teresa vivía ya en Hernani con una pena de prisión atenuada. Aunque en un principio el consejo de guerra le imputara haber promovido o colaborado en el delito de deserción, el tribunal al final la absolvió, declarando que los hechos imputados no constituían delitos. A su hermano Ignacio lo absolvieron también por la buena actitud que mantuvo como responsable del Orden Público con respecto a las personas a favor de los sublevados que estaban presas en Hernani, de modo que este también salió de la cárcel y volvió a Hernani[197].
61. Vicente Ibáñez, Isabel
Nació el 15 de febrero de 1900 en Alcira (Valencia), y vino a vivir a Lasarte con su marido y paisano Enrique Cario el mismo año en que la empresa Michelin abrió sus puertas, en 1934[198].
La razón por la que vinieron a vivir a orillas del río Oria fue el puesto de trabajo que obtuvo antes de la guerra en esta empresa como responsable del departamento de producción de ruedas para bicicletas. Pero al estallar la Guerra Civil cerraron la fábrica y a causa de los bombardeos del ejército franquista contra Lasarte huyeron del pueblo y se fue a buscar refugio a Bizkaia junto a su marido.
Al principio se refugiaron en Markina, pero poco después se dirigieron hacia Bilbao, donde se refugiaron hasta la primavera de 1937. Al ver que el frente de guerra estaba cada vez más cerca, Isabel Vicente se inscribió en el plan de evacuación por mar organizado por el Gobierno Vasco, y se refugió en la ciudad de Clermont-Ferrand (Puy-de-Dóme, Estado francés) tras haber sido evacuada por mar desde Bilbao en mayo de 1937.
Vivió como refugiada en el Estado francés hasta que los últimos núcleos de resistencia de la cornisa Cantábrica quedaron en manos del ejército franquista, y el 29 de noviembre de 1937 cruzó la frontera y decidió regresar a Gipuzkoa. Pero nada más llegar, las autoridades franquistas de Lasarte presentaron una denuncia contra ella, en la que decían que era de izquierdas y que utilizó el puesto de la fábrica de Michelin para hacer propaganda a favor de los movimientos de izquierdas y que despidió a los trabajadores que estaban en contra del movimiento obrero.
El Tribunal Militar inició un proceso contra ella en base a esa denuncia. Pero los testimonios de los lasartearras que participaron en el proceso y un informe emitido por los responsables de la empresa Michelin anularon la denuncia presentada por la FET-JONS, gracias a lo cual en abril de 1938 se archivaron las diligencias contra Isabel Vicente. Sin embargo, el auditor de guerra impuso una multa económica a Isabel Vicente, por tener una ideología contraria a los valores del régimen franquista, y obligaron a Isabel a pagar una multa de 100 pesetas, a pesar de no contar con ningún bien, y a riesgo de que la encarcelaran en caso de impago[199].
62. Vicuña Ferrero, Consuelo
Nació el 27 de noviembre de 1897 en Oria, donde se casó con Florencio Juárez y con quien formó una familia. Se fueron a vivir a Lasarte poco después de que naciera el tercer hijo, José. En los años previos a la guerra vivieron en una casa de la Kale Nagusia[200]. Pero mantuvo relaciones estrechas con Oria, puesto que una hija suya vivía allí con la abuela y participaba en las movilizaciones que organizaba el movimiento obrero de Lasarte como miembro de la UGT.
Sin embargo, al empezar la Guerra Civil y según se acercaba el frente de guerra, abandonó su hogar, al igual que hicieron cientos de trabajadores y la familia Juárez Vicuña huyó como refugiada, primero a Bilbao, y luego, cuando Bizkaia cayó en manos de los sublevados, se trasladaron a Cantabria, hasta que fueron apresados por los sublevados.
En ese momento fueron obligados a regresar a Lasarte por los franquistas, y nada más llegar los falangistas acusaron a Consuelo Vicuña de haber apoyado al Frente Popular y de haber hecho manifestaciones contra el régimen franquista y a favor de los milicianos. Asimismo, la acusaron también de haber participado en las manifestaciones de Oria junto a su hija, y en base a todas esas acusaciones, el Tribunal Militar inició una inspección contra ella a partir de 1937. En noviembre de 1938, el auditor de guerra sobreseyó la investigación sin ninguna declaración de responsabilidad, tras manifestar que las ocasiones en que participó Consuelo Vicuña no constituyeron ningún delito[201].
63. Zubillaga Usabiaga, Leonor
Nació el 5 de noviembre de 1897 en Hernani, y antes de la guerra vivía junto a su madre Gertrudis y sus hermanos Juan y Martín en una casa de la calle Nafar kalea; su hermano Hipólito y su hermana Micaela vivían en Hernani también[202].
La familia Zubillaga Usabiaga era nacionalista. Leonor Zubillaga, por ejemplo, fue militante de la Asociación de mujeres abertzales (EAB, por sus siglas en euskera) antes de la guerra, y sus tres hermanos eran militantes de EAJ/PNV. Los tres últimos trabajaron en el convento de las Agustinas durante la guerra cuidando de los golpistas de Hernani que se encontraban allí detenidos, hasta que tuvieron que ser evacuados antes de que las columnas franquistas llegaran a Hernani en septiembre de 1936[203].
En ese momento la familia en su conjunto se dirigió hacia Astigarraga, y desde ahí se tuvieron que ir a Mundaka, donde se refugiaron hasta que en junio de 1937 quedara en manos de las tropas franquistas. En ese momento Leonor Zubillaga tuvo la oportunidad de volver a Hernani, pero el 29 de junio fue obligada a declarar ante la Guardia Civil, quien emitió un informe basado en denuncias de la FET-JONS, la alcaldía y otros denunciantes ante el tribunal militar, informe en el que se acusaba a Leonor Zubillaga de ser militante de la Asociación de mujeres abertzales (EAB, por sus siglas en euskera) y de huir de los sublevados. Sin embargo, en el juicio no pudieron imputar ninguna responsabilidad a Leonor Zubillaga, por lo que el procedimiento fue archivado en junio de 1938. Sin embargo, el tribunal la declaró como nacionalista, y la condenó a pagar una multa económica de 200 pesetas por sus ideas políticas[204]. Además, a su hermano Hipólito Zubillaga le confiscaron sus bienes y lo condenaron a pagar una multa de 2.000 pesetas para poder recuperar dichos bienes por ser uno de los jefes de EAJ/PNV, pero como murió mientras estaba refugiado en Bilbao, la multa la tuvo que pagar Leonor Zubillaga[205].
[62] Zuloaga Muxika, I. (2019, 2020, 2023a, 2023b).
[63] Cuando por determinación del sexo biológico se asignan distintas tareas o funciones en función de si es mujer u hombre. La distribución del trabajo según el sexo no ha sido lineal a lo largo de la historia y ha sufrido cambios. Según los datos científicos, la principal brecha entre los sexos ha tenido lugar dentro del sistema capitalista.
[64] Barranquero Texeira, E. eta Prieto Borrego, L., 2004, p. 129.
[65] Según la nueva Ley de Contrato Laboral de noviembre de 1931.
[66] Barranquero Texeira E. y Prieto Borrego, L., Idem, 2004, p. 130.
[67] La represión sexuada se ejercía mediante la violencia sobre el cuerpo de las mujeres republicanas y mediante la destrucción de su identidad a través de la violencia sobre las partes más sexuales de su cuerpo, como por ejemplo cortes de pelo, violaciones, etc. A fin de cuentas, todos esos tipos de represión servían como método para disciplinar y debilitar el cuerpo de las mujeres.
[68] La denominación mujer republicana la aplicamos a todas aquellas mujeres que aceptaron y adoptaron las reformas del gobierno republicano, incluidas las mujeres de la Asociación de mujeres abertzales (Emakume Abertzale Batza).
[69] La denominación mujer tradicional la aplicamos a todas aquellas mujeres que se mostraron contrarias a las reformas del gobierno republicano y estaban a favor del orden del género que se mantuvo hasta ese momento en el Estado español.
[70] Discurso radiofónico del general golpista Gonzalo Queipo de Llano, en 1936.
[71] En 1934, los falangistas crearon, de la mano de Pilar Primo de Rivera, la denominada Sección Femenina. Uno de sus objetivos era, tal y como se iba a reflejar después en la dictadura franquista, que las mujeres cumplieran con su rol tradicional.
[72] A veces era suficiente con que sus familiares hubieran tenido algo que ver con los partidos y sindicatos de la Segunda República.
[73] Los cortes de pelo no se documentaban, en general, y contamos con muy pocos casos documentados. Suponía la pérdida del honor de aquellas mujeres, así como la de sus familias. Tal y como ocurrió en la Segunda República, este tipo de violencia sexista terminaba por ser escondida. Además, la documentación la producían normalmente los varones, de modo que no sorprende que, a causa de la ideología de la época, se tomara a la mujer como a alguien de segundo nivel y que en la mayoría de los casos aparecieran solo los datos de los varones.
[74] Joly, M., 2008, pp. 95-96.
[75] Urrutiabengoa et al., 2004.
[76] Testimonio de Maria Pilar Lujanbio Olano.
[77] Todas estas mujeres aparecen en el apartado de los hernaniarras procesados por la Justicia Militar.
[78] Jimenez Martin et al., 2012, p. 35.
[79] Ayuntamiento de Lasarte-Oria, 2020.
[80] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[81] CDMH, sig. DNSD-SECRETARÍA, FICHERO, 1, A0014394.
[82] AIRMN, 828/37 Información gubernamental.
[83] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[84] CDMH, sig. DNSD-SECRETARÍA, FICHERO, 1, A0014396.
[85] AIRMN, 828/37 Información gubernamental.
[86] HUA / AMH // E-5-II-28. Guerra de 1936. Informes (filiaciones políticas, sociales...) sobre vecinos de Hernani, 1936 - ...
[87] GPAH / AHPG // sig. GEZ02833_0055.
[88] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[89] AIRMN, 830/38 Información gubernamental
[90] AIRMN, 804/37 Información gubernamental
[91] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[92] AIRMN, 850/37 Información gubernamental.
[93] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[94] AIRMN, 20749/38 Sumarísimo de urgencia.
[95] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[96] AIRMN, 853/38 Información.
[97] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[98] AIRMN, 1398/38 Información.
[99] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[100] AIRMN, 87 Información.
[101] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[102] HUA / AMH // A-3-52 (H107). Registro de comunicaciones (salida de documentos), 1937.
[103] Pagoaga Soraluze, I., 2015.
[104] GPAH / AHPG // sig. GEZ02835_0010.
[105] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[106] HUA / AMH // A-3-52 (H107). Registro de comunicaciones (salida de documentos), 1937.
[107] Pagoaga Soraluze, I., 2015.
[108] GPAH / AHPG // sig. GEZ02851_0030.
[109] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[110] AIRMN, 1049/37 Información.
[111] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[112] AIRMN, 828/37 Información gubernamental.
[113] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[114] AIRMN, 851/37 Información.
[115] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[116] AIRMN, 3177/40 Sumarísimo de Urgencia.
[117] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[118] AIRMN, 1579/38 Información gubernamental.
[119] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[120] AIRMN, 817/37 Información gubernamental.
[121] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[122] AIRMN, 826/38 Información gubernamental.
[123] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[124] AIRMN, 822/38 Información gubernamental.
[125] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[126] AIRMN, 818/37 Información.
[127] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[128] AIRMN, 849/38 Información gubernamental.
[129] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[130] AIRMN, 816/38 Información gubernamental.
[131] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[132] AIRMN, 1070/38 Sumarísimo.
[133] AIRMN, 804/37 Información gubernamental
[134] AIRMN, 804/37 Información gubernamental.
[135] Testimonio de Regina Gorrochategui Miranda, cedido al proyecto Ahotsak.
[136] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[137] AIRMN, 823/38 Información gubernamental.
[138] AIRMN, 514/37 Información.
[139] Otras fuentes dicen que era Modesto.
[140] Zuloaga Muxika, I., 2019.
[141] AIRMN, 804/37 Información gubernamental
[142] Ibidem.
[143] Arizabaleta Gantxegi, I., 2020
[144] HEZ, sección 1, volumen 17, página 129B.
[145] GPAH / AHPG // sig. GEZ03646_0070.
[146] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[147] AIRMN, 852/37 Información.
[148] HUA / AMH // A-3-52 (H107). Registro de comunicaciones (salida de documentos), 1937.
[149] AIRMN, 130/38 Sumarísimo de urgencia.
[150] BOE, n° 275, página 6812, 1 de octubre de 1940.
[151] Testimonio.
[152] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[153] AIRMN, 3379/38 Causa sumarísima de urgencia.
[154] AIRMN, 372/37 Información.
[155] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[156] AIRMN, 373/37 Información.
[157] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[158] AIRMN, 130/38 Sumarísimo de urgencia.
[159] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[160] AIRMN, 130/38 Sumarísimo de urgencia
[161] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[162] AIRMN, 852/38 Información gubernamental
[163] Testimonio.
[164] AGA, ficha penitenciaria.
[165] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[166] AIRMN, 3380/38 Causa sumarísima ordinaria.
[167] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[168] AIRMN, 3288/37 Sumarísimo de urgencia
[169] AIRMN, 378/37 Información gubernamental
[170] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[171] AIRMN, 2228/39 Diligencias previas.
[172] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[173] Base de datos de Aranzadi.
[174] AIRMN, 2016/39 Sumarísimo de urgencia.
[175] Base de datos de Aranzadi.
[176] AIRMN, 2016/39 Sumarísimo de urgencia.
[177] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[178] AIRMN, Información.
[179] AIRMN, 478/37 Información.
[180] Arizabaleta Gantxegi, I., 2020.
[181] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[182] AIRMN, 797/38 Información.
[183] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[184] AIRMN, 48/37 Información gubernamental.
[185] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[186] AIRMN, 2185/38 Sumarísimo de urgencia.
[187] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[188] AIRMN, 1074/38 Sumarísimo
[189] AIRMN, 2006/39 Diligencias previas.
[190] DEAH / AHDSS // sig. DEAH/F06.075//2176/001-02 (f.74v,n°135/B,1870-06-28).
[191] AIRMN, 10695/38 Diligencias previas.
[192] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[193] AIRMN, 769/38 Información gubernamental
[194] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[195] AIRMN, 138/38 Información.
[196] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[197] AIRMN, 1141 Sumarísimo Ordinario.
[198] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[199] AIRMN, 392/37 Información.
[200] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[201] AIRMN, 819/38 Información gubernamental.
[202] HUA / AMH // B-4-II-13 (H250). Padrón municipal de habitantes, 1936.
[203] HUA / AMH // A-3-52 (H107). Registro de comunicaciones (salida de documentos), 1937.
[204] AIRMN, 1048/38 Información gubernamental.
[205] Aizpuru, M. (zuz.), 2007.
