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HERNANI 1936-1959
Violencia, Represión y Violación de los Derechos Humanos durante la Guerra Civil y el Primer Franquismo
Irati Zuriarrain Asurmendi, 2024
 5. Testimonios | Caraciolo Zuaznabar, Concepcion (Kontxi) | Lujanbio Olano, Maria Pilar 

 

Caraciolo Zuaznabar, Concepcion (Kontxi)

 

 

         Nació en Hernani el 24 de febrero de 1933. Hija de Juanita Olazaguirre y Crescencio Caracciolo Iribertegui. Huyó a Francia junto a su madre y tres hermanos (Mikeli, Kontxi, Modestita y Santiaguin, este último recién nacido). Su padre, en cambio, se fue al frente cuando estalló la guerra y murió en los primeros meses. Se acuerda muy bien del bombardeo, de lo vivido en el exilio y de lo que se encontraron al volver a casa.

         ¿Qué recuerdos tienes del comienzo de la guerra?

         Todo lo que sé es de lo que contaba mi madre. Nació el niño. Vino mi padre a casa un día y le dijo a mi madre “Juanita, ha empezado la guerra”. Y fue un susto muy grande. Le llevaron a bautizar por detrás de los Tilos, era recién nacido, porque en aquella época se pensaba que si no se les bautizaba iban al limbo. Anduvieron entre tiros... después fueron las bombas. Nosotros vivíamos detrás de la Iglesia Agustinas, una casa llamada Ardo. Teníamos nuestra huertita, las gallinitas. Vino mi padre diciendo que había empezado la guerra y que se tenía que ir al frente. Él fue de los primeros que murieron. Él se fue al frente y nosotros todavía nos quedamos en el pueblo. Pero al caer una bomba cerca de nuestra casa, que cayó precisamente en las Agustinas, mi madre decidió marcharse. Creo que mi madre cogió algún colchón y algunas cosas imprescindibles y nos fuimos hasta Aizarnazabal. Allí nos hospedaron en un caserío, en la cuadra. Fuimos con unos vecinos de aquí. Los de Aizarnazabal no sé si serían conocidos o no. A los pocos días vino mi padre del frente, bajó a Aizarnazabal. No sé muy bien dónde andarían. Le dijo a mi madre: “Juanita, os tenéis que marchar de aquí porque corréis peligro.”, “¿Qué pasa pues?”, “Nos hemos enterado que aquí arriba, en las habitaciones, hay Requetés. Marcharos cuanto antes de aquí.”

         De allí fuimos a Bizkaia. Allí también hubo muchos bombardeos. Mi madre nos solía decir “Kontxi, Mikeli... correr, correr, correr...” cuando sentíamos que venía la aviación y nos metíamos debajo de los árboles, nos metía un palito en la boca para que no nos mordiésemos la lengua. Ya estaba muy mal la cosa, y de allí nos fuimos para Santander. Allí es cuando embarcamos para Francia. Todo estaba muy mal. Anteriormente nos quisieron llevar a Rusia, cuando estábamos en Bilbao. Parece ser que como éramos huérfanos, nos hacían una cosa más especial. Pero mi madre dijo: “no, si nos morimos, nos moriremos todos aquí”. Pero después al final embarcamos hacia Francia. Yo me acuerdo de cómo se movía el barco.

         ¿Cómo fue el viaje y la estancia en Francia?

         El viaje en el barco fue horrible. Salimos con el Cervera por detrás. El barco en el que íbamos era un barco inglés con tripulación china. Sólo íbamos mujeres y niños, y todos íbamos en la bodega metidos. Dijeron que era un barco de patatas. El viaje, horrible. unos niños iban tosiendo, otros devolviendo. así fueron tres días y tres noches, hasta que llegamos al puerto de Saint-Nazaire, en Normandía. Nos llevaron a un convento y no sé cuanta gente íbamos y tampoco sé el tiempo que pasamos allí. Se pusieron mis dos hermanos pequeños enfermos, y en cuatro días murieron. Primero murió la niña, y después el niño. No sabemos por qué murieron. La cuestión es que unos años más tarde, indagué, y solamente ponía que murieron, no aparecía quien les atendió, ningún médico ni nada. Pasaban cosas muy raras. Mi madre solía decir que en ese convento, en las tazas de café con leche, solían aparecer agujas. Nos debimos marchar enseguida de allí. Dejamos los dos niños pequeñitos allí. De ahí nos fuimos en tren a Baiona. Y allí, nos metieron en un cuartel de soldados abandonado, y no sé el tiempo que estuvo mi madre con nosotras. En seguida vino una ley que decía que solamente podían estar en Francia los niños, y los mayores se tuvieron que marchar. Nos dejó a las dos niñas y ella se fue de Baiona.

         Ella se volvió aquí y las debió de pasar tremendas. Como esto ya estaba perdido, se fue a Cataluña. Anduvo por Girona, Barcelona. de refugio en refugio. No iba ella sola. Iba con una tal María Argintxua, de Hernani. Aquella iba con los niños. La cuestión es que allí lo pasaron muy mal. Contaba muchas historias: no tenían racionamiento ni nada, y tenían que ir a robar a las huertas. Y por allí, estuvo trabajando mucho: estuvo en una fábrica de bombas, poniéndole espoletas a las bombas. También en un hospital de sangre, como por Cataluña seguía la guerra y venían muchos heridos. estuvo trabajando allí. Sobre todo solía estar vendando con sábanas, se las colocaban a todos los heridos que llegaban de la guerra. En esta época mi madre cobraba algo de viudedad algunos meses, ya que mi padre había muerto. Luego se perdió la guerra. Decía que vio muchos muertos, y que era horrible. Entonces, mi madre cruzó otra vez la frontera, por la frontera de Portbou. Luego allí en Francia, les llevaron a una villa. Mi madre en ese momento solo pesaba 40 kilos y decía que sólo se le veían los ojos, de lo delgada que estaba. Estuvo en un bar, limpiando, estuvo lavando ropas. Todo esto fue por la parte de París.

         A nosotras mi madre nos dejó en aquel cuartel abandonado de Baiona. Pero de allí, nos llevaron a una villa en Biarritz. Pero esa villa tenía una pared que se le iba a caer, y de allí nos llevaron a otra villa, Maison Blanc. En esa villa había unas mujeres que nos cuidaban a todas, también había un matrimonio de Hernani, que estuvieron de cocineros en aquella villa. Estuvimos yendo un año a la escuela pública de allí, pero después no nos dejaron seguir. En total estuvimos más de 2 años, nos enseñaron a escribir y todo. en ese momento había rumores de que iba a empezar otra guerra, y en ese caso nos tendríamos que mover de allí. Y así fue, un día nos prepararon todo, las maletas y todo, y nos trajeron para aquí. Al pasar la frontera, estábamos asustadas con los carabineros. La cuestión es que nos trajeron a Fuenterrabía. Nos hospedaron en una villa muy grande. Allí todo estaba muy mal. Se notaba que había pasado la guerra, y estaba mucho peor que lo que vivimos en Francia. Nos metieron allí en unas habitaciones, con las camas sucias, llenas de cacas de pulgas. La comida la hacían tipo cuartel, fuera de la villa. Muy mal, muy feo, ya vinimos a otro mundo, se notaba la diferencia. Me pasaba todo el día llorando Un día que estábamos allí sentadas en un peldaño de la villa, veíamos que por las escaleras venían dos señoras. Las dos callando, pero mirando, “¿Quién serán?”. Ellas también nos miraban y le dice una a la otra: “¿Esas no son tus niñas Mikeli y Kontxi?”. Mi madre ni nos conocía. Se fueron acercando y enseguida nos conocimos. Te puedes imaginar el momento. mi hermana, que era muy lista, dijo que teníamos que ir donde el oficinista para decirle que habían llegado. El oficinista nos preguntó si estábamos seguras de que esa

         fuese nuestra madre. Al decirle que sí, nos dejó recoger lo que teníamos y marcharnos.

         ¿Cómo os encontrasteis la casa?

         Vinimos a Hernani. Y empezó la vida triste otra vez, muy triste. Llegamos a Hernani en otoño, creo, era un día de lluvia, muy feo. Mi tía, la tía de mi madre, nos acogió en su casa. Porque cuando vinimos no teníamos nada. Como mi madre solía decir: el cielo y la tierra, nada más. No teníamos nada. Nos quitaron todo, la casa, los muebles, todo. Seguramente pensarían que después de tres años ya no íbamos a volver. Pero en casa de la tía de mi madre no estaban a gusto con nosotras. Ellos eran de otras ideas. La hija era jefa de la Falange. Y nosotros les molestábamos para cualquier cosa. Todo les parecía mal. Gracias a una señora muy maja, mi madre pudo conseguir por fin una casa. Al darse cuenta de quién era mi madre, le dijo que para el día siguiente ya podíamos ir a la casa. Estaba en la calle Andrekale. Nos lo quitaron todo, la casa y todo. Nos quedamos sin nada. Mi madre fue poco a poco consiguiendo lo que era nuestro. Si se enteraba que un mueble estaba por allí, pues iba a reclamarlo. Algunas cosas mi madre ya recuperó. Pero la primera vez que fuimos a la nueva casa (en Andrekale), estaba toda vacía, no había nada. Me acuerdo cómo comimos apoyados en una caja de frutas. La pusimos como mesa. No teníamos sillas ni nada, nos pusimos en el suelo. Mi madre fue trayendo poco a poco las cosas. Se movió mucho. No teníamos ni sábanas.

         Así, mi madre empezó a buscar trabajo porque teníamos que comer. Pues no le daban trabajo en ninguna fábrica, ni en ningún sitio. Le decían que era vieja con 34 años. Tuvo que andar de interina, lavando las ropas, y como podía... hasta vendiendo sardinas. Aquello lo dejó y luego empezó en una fábrica que abrieron, que se llamaba Prodelin, que hacían pilas. Allí estuvo en la fábrica de Prodelin muchos años. De Florida fueron a Ergobia, y de allí a Zikuñaga. también tenía que ir andando.

         En esa época nosotras (las dos hermanas) íbamos al Auxilio Social. Mi hermana comía algo. Pero en el Auxilio Social nos daban una comida tan mala, que yo no la podía comer. Era imposible. Íbamos a casa y comíamos la comida de mi madre. Mi madre nos decía: “Esto no puede ser, yo no puedo estar sin comer. ¿Cómo voy a ir así a trabajar?”. De allí en adelante empezamos a comer toda la comida entre las tres.

         Mi hermana tuvo que empezar a trabajar con 13 años, en una fábrica de punto. Y yo con mi edad me quedé llevando toda la casa. Como ama de casa. Mi madre me decía que era lo que tenía que hacer. Pero la cosa era que no había casi nada: no había alubias, no había pan. el pan te lo daban de racionamiento, pero solía ser un pedacito pequeño. Tenías que pasar con aquello todo el día. Muy mal. Pasamos hambre. No había aceite. Yo solía hacer los recados, ir a la pescadería, ir a por leña para poder hacer el fuego,.

         ¿Sufrió algún tipo de desprestigio social?

         Mi madre, cuando volvió a Hernani, tuvo que presentarse durante mucho tiempo ante la Guardia Civil, porque todo el mundo se tenía que presentar. Parece ser que un día le preguntaron: “Yusted, ¿por qué se marcharon de aquí?” “Porque teníamos miedo a las bombas” le dijo mi madre. “¿Ysu marido?” “Murió en el frente mi marido”. El Guardia Civil miró algo en algún cuaderno y lo encontró: “A sí, aquí está. Bueno, pues aquí hay una denuncia para usted. Usted no iba a misa. De aquí en adelante todos los domingos con la mantilla puesta va a venir aquí.” Y así tuvo que empezar a ir a misa. Mi madre decía, “¡cómo iba a ir a misa con 4 niños que tenía!”. Pero fíjate cómo estaba la gente (los vecinos), qué mala la gente. hizo lo que le dijeron. Iba a misa, a la Guardia Civil. hasta que después de un tiempo el guardia ya se cansó y le dijo “bueno ya vale, váyase y no venga más, váyase a tomar por saco”.

         Entonces se solía decir “gorritakuak”. La familia se portó muy mal. Mi madre también trabajó en una villa, de interina. Era del Gobernador Civil. La prima, que era jefa de la Falange, era amiga de la señora del gobernador. Y parece ser que un día le dijo que mi madre cogía cosas de la casa, que le robaba comida. Eso no era mentira. Porque nosotros no teníamos nada. Mi madre cogía un poquito de azúcar, como podía. De lo que podía cogía un poquito. Solamente le daba dos pesetas y con eso no tenía para nada. Mi prima parece ser que le había dicho que mi madre se llevaba cosas por sacos de la casa. Mi madre le dijo a la señora: “ustedme ha visto algún día algo?”. Porque aunque la prima le dijese que se llevaba por sacos, no era verdad. Se metía algo por el kolko y ya está. Fíjate tú lo que sería, que lo guardaba en la mesilla de su cuarto. Que además era también para darle a su tía, porque tampoco es que ellos estuvieran boyantes.

         Le dijo: “mire, señora, yo no voy a negar a usted que poco de aquí y otro de allá cogí. Porque yo veo que mientras a sus niños les queda en el vaso, yo no tengo para darles a mis niñas”. Y la señora le dijo: “¡pues lléveles al hospital!” Y mi madre le respondió: “mire señora, al hospital le lleva usted, pero yo les quiero a mis niñas como usted les querrá a los suyos. Y no diga usted que he robado, porque yo no he robado nada. Yo lo que he cogido ha sido para comer y estos tiempos traerán otros, que todas las montañas son para subir y bajar. Y todos los ojos no lloran en un día”. “¿Qué quiere decir con eso?” “Usted piénselo”.

         Mi madre se quedó sin dinero. Mi madre contó lo que le hizo su prima (que le había denunciado ante la señora). Y claro, la tía se enteró. Pero de aquella casa ya nos habíamos ido. Mi madre siempre nos mandaba ir a casa de la tía. Mi madre era de un carácter muy abierto. Entonces nos mandaba a llevarle algo a la tía. Nos solía dar un postrecito. Pero la tía nos dijo en una de estas, a la vuelta a casa: “¡a! decirle a la madre que tenga cuidado con la lengua, porque le voy a llevar a la Guardia Civil.” Nosotras todas asustadas se lo contamos a nuestra madre y ella decidió que no íbamos a ir más.

         Cómo es la vida. Que la tía de mi madre, al tiempo, se murió porque robó a la vecindad. Las del primer piso tenían huerta y patatas. La tía de mi madre, les cogía las patatas. Las vecinas sabían que les robaban, pero no sabían quién. Lo que hicieron fue ponerse a vigilar un día. Y resulta que era ella, la tía de mi madre. La mujer se cogió tanto susto, que ella misma fue a denunciarse. Se fue a la Guardia Civil a decir que había robado a las vecinas patatas. Según parece, el disgusto le cogió de mala manera y aquella misma noche se murió. Se fue diciendo “inpernura jungo naiz”.

         Estraperlo.

         Mi madre también anduvo con pan. Lo traía de Donostia para venderlo en Hernani. Lo guardaba en nuestra casa, encima de un armario. Pero también le denunciaron las panaderas del pueblo, así que eso también tuvo que dejar de hacerlo. Normalmente venía a comprar el pan gente más bien pudiente. Porque no había dinero. Las que podían, lo compraban. Otras muchas anduvieron con harina, que lo echaban todo por la ventana del tren cuando veían que venía la policía. En eso no anduvo ella. En el día a día tuvo que pelear mucho. En la misma fábrica también había muchas envidias.

         ¿Cómo y dónde murió Crescencio?

         Mi padre tenía ideales y era muy luchador. Luchaba por el bien del obrero. Nosotros siempre hemos sido de izquierdas. Por parte de mi madre, en las Guerras Carlistas, los abuelos de mi madre eran liberales. Eran de izquierdas y yo me siento muy orgullosa. Cuando empezó la guerra, se movilizó enseguida y se fue al frente. Estuvo con el Batallón Dragones. Me parece que el mismo día que murió mi padre, murieron unos 7 de Hernani. Murió en Eibar, en el alto de Kalamua, que me parece que está por Arrate. Le bajaron, pero me parece que le bajaron cadáver. Porque le dieron en la cabeza. Murió el día 8 de octubre de 1936 a las 7 de la mañana.

         No sabemos qué pasó con el cuerpo. En la época del Franquismo no ibas a preguntar dónde estaban tus muertos. Pero un día fui con mi marido. Sabíamos que había muerto en Eibar, pero no sabemos qué pasó con el cuerpo. No sabemos si tuvieron tiempo de enterrarle o qué. O vete a saber qué pasó con él. no sabemos nada.

         ¿Hay más familiares represaliados?

         Sí. Por parte de mi padre no te puedo asegurar, pero me parece que son 3 o 4 primos de mi padre que murieron. Un Caracciolo, sobrino. Aquel murió por salvar a una chica. Había bombardeos y estaban resguardados en un túnel, en Bizkaia seguramente. Iba una chica corriendo para meterse en el túnel. El salió a ayudarla, el sobrino de mi padre, pero la bomba cayó y mató a los dos. Era de la familia Gorospe. Otro primo también murió.

 

 5. Testimonios | Caraciolo Zuaznabar, Concepcion (Kontxi) | Lujanbio Olano, Maria Pilar