Violencia, Represión y Violación de los Derechos Humanos durante la Guerra Civil y el Primer Franquismo
4. Represión y violencia
contra los hernaniarras
en la Guerra Civil y
en el Primer Franquismo
El objetivo de esta obra es la investigación de la violencia, la represión y la opresión de los derechos humanos que tuvieron lugar en Hernani y contra el pueblo de Hernani durante la Guerra Civil (1936-1939) y el periodo conocido como Primer Franquismo (19391959). Tal y como hemos visto en el primer apartado, los combates duraron menos de dos meses en Hernani, porque las tropas franquistas ya habían tomado el pueblo para el 13 de septiembre, periodo durante el cual las retaguardias entendieron la violencia como instrumento para mantener el orden público, lo cual no significa que esa violencia fuera simétrica o proporcional[1].
Un ejemplo claro de esa asimetría fue el municipio de Hernani, donde la Comisión de Defensa contó con un poder bien arraigado y practicó distintos tipos de violencias durante las primeras semanas de la guerra, llegando a Comèter unos 10 asesinatos y varias detenciones e incautaciones, mientras que, durante el mismo periodo, los golpistas fusilaron a unas 200 personas de forma extrajudicial en el mismo municipio de Hernani. Pero, aunque la violencia adoptó formas más amplias que en el ejemplo anterior, se torna evidente la falsedad de la narrativa según la cual la violencia de los golpistas fue una reacción a la violencia “revolucionaria”.
Además, la violencia que tuvo lugar durante la Guerra Civil no se puede equiparar a la que se ejerció durante la posguerra. En efecto, la situación de guerra proclamada en 1936 se mantuvo hasta 1948, de modo que los modelos de represión establecidos durante la guerra continuaron sin cesar[2], y esa continuidad elimina de facto la separación entre la guerra y la posguerra. La violencia, como instrumento tanto para la coacción política como para el control social, se mantuvo en los dos periodos de tiempo[3]. De todas formas, el control de la violencia quedó posteriormente en manos del Estado o de la estructura institucional franquista, puesto que se establecieron mecanismos protegidos mediante leyes específicas. El terror en la posguerra se impuso de forma organizada desde las altas instancias del nuevo estado, mediante la utilización de la Justicia Militar como instrumento principal[4].
El objetivo principal de esa represión era asegurarse el poder mediante el terror, haciendo desaparecer físicamente a los adversarios políticos y paralizando cualquier tipo de resistencia[5]. Así, los fundamentos institucionales del régimen de Franco consistieron en el Ejército, un partido único (FET de las JONS), y, desde una perspectiva externa al Estado, la Iglesia católica[6], sin olvidar que el rol de la ciudadanía o de los distintos actores a nivel local fue fundamental en la consolidación del régimen y a la hora de ejercer tanto la violencia como la represión. En Hernani se observa claramente el cambio en las formas de violencia, que empezaron con los fusilamientos masivos ilegales hasta pasar al hecho de que la Justicia Militar procesó a cientos de personas en el municipio.
En resumidas cuentas, desde el mismo inicio del alzamiento de julio de 1936, y más allá de eliminar al régimen republicano y de prevenir la supuesta “revolución bolchevique”, el objetivo principal, en realidad, no era otro que el deseo de eliminar a un colectivo social identificado como “enemigos de España”[7]. Es decir, hubo, desde el inicio, una voluntad de eliminar de raíz eso que se entendía como enfermedad, de modo que la represión no se limitó a la eliminación física individual, sino que tenía un carácter pedagógico y masivo, cuyo objetivo era eliminar la identidad de las víctimas[8]. Las identidades de los “enemigos” no se definieron únicamente en base a unos términos políticos inmediatos. De hecho, estas identidades se crearon también con la utilización de experiencias colectivas previas al alzamiento[9]. Un ejemplo claro de ello es el del movimiento de octubre de 1934, que derivó en la represión que sufrieron en la posguerra sus participantes más destacados.
El régimen del terror difundido en el proclamado Estado de guerra transformó profundamente a la sociedad, y tejió una red de prácticas coactivas y represivas que se implantaron en la vida diaria. Las consecuencias psicológicas y sociales de esa represión fueron devastadoras, como por ejemplo el miedo atroz, la vigilancia y control sociales continuos, las humillaciones públicas y la marginación sistemática[10]. En esta obra nos centraremos en el periodo entre los años 1936 y 1959, conocido como Primer Franquismo[11]. Sin embargo, cabe destacar que hubo un único régimen del franquismo que tuvo una continuidad histórica. El régimen franquista perduró como dictadura autoritaria, mediante la negación sistemática de los derechos políticos fundamentales y la opresión de cualquier forma de disidencia.
En Hernani, en el escenario político previo al alzamiento, apenas había una base social significativa que fuera a proteger lo que en el futuro se iba a convertir en el poder franquista. La característica principal de la situación política era la intensa y conflictiva dinámica entre los distintos partidos nacionalistas y de la cultura política republicana. Los nacionalistas y los republicanos competían por el poder político en las elecciones locales. Los movimientos obreros, en cambio, estaban bien estructurados a nivel local. El sindicato UGT, por ejemplo, tenía una gran presencia, sobre todo entre los miles de trabajadores de las industrias que definían la economía local. Cuando empezó la Guerra Civil y los franquistas tomaron Hernani, hubo una represión masiva y sistemática contra aquellas personas que se consideraban contrarias al nuevo régimen. Sin embargo, no podemos olvidar que muchos ciudadanos se aliaron con el régimen franquista, no solo en el ámbito militar, sino también mediante distintas formas de colaboración.
Es fundamental destacar que, aunque hayamos abordado esos temas en la primera parte de la investigación, el exilio, las muertes de civiles o en el frente, por ejemplo, son también vulneraciones de Derechos Humanos, y que forman parte de la violencia relacionada con el franquismo. Como hemos visto, al menos 2.000 ciudadanos tuvieron que huir del pueblo o tuvieron que refugiarse durante la Guerra Civil, y 25 de ellas, además, murieron en diversas situaciones, mientras huían, en el extranjero, y a consecuencia de los bombardeos y otro tipo de violencias. Entre los 550 hernaniarras que se movilizaron a favor de la República, al menos 67 murieron combatiendo. Asimismo, a unos 250 niños y niñas de Hernani los desplazaron a Bélgica, Francia y Gran Bretaña como “niños y niñas de la guerra”, en busca de un refugio ante las atrocidades de la Guerra Civil. El censo de diciembre de 1936 refleja el gran impacto que tuvo la evacuación y la guerra en la población local, y es que, en ese año el 34,16 % de la población, es decir, 2.338 de los 6.840 ciudadanos registrados, no se encontraban en el municipio.
En este segundo ejemplar, analizaremos otro tipo de violencias y represiones, como por ejemplo las ejecuciones extrajudiciales, los ciudadanos procesados por la Justicia Militar, la represión contra las mujeres, la represión económica, la depuración de los trabajadores públicos o los hernaniarras que estuvieron cautivos de distintas formas. En general, se han analizado los casos relacionados con Hernani y con los hernaniarras, los de las personas nacidas en el municipio, y, sobre todo, las que vivían en el municipio durante el periodo objeto de nuestro estudio. En esta introducción ofreceremos una visión general de la investigación, con datos y análisis que se abordarán en más profundidad en los capítulos correspondientes.
En el otoño de 1936, Gipuzkoa, y Hernani, en particular, se convirtieron en el epicentro de las ejecuciones extrajudiciales, ya que se llegó a fusilar a unas 200 personas que fueron enterradas en el propio cementerio. Los Tribunales Militares procesaron, en total, a unos 265 hernaniarras, y aunque se archivaran muchas causas, los encausados seguían en la cárcel hasta que se emitiera la última resolución, que muchas veces se retrasaran durante años. A algunos los enviaban a los batallones de trabajadores o a campos de concentración. En total, fueron 82 las personas que recibieron una condena de cárcel, y 16 hernaniarras fueron condenados a la pena de muerte, de entre los cuales ejecutaron a 9.
En la Guerra Civil y la dictadura franquista, las mujeres de Hernani tuvieron que hacer frente a la dura y sistemática represión del régimen franquista. Encarcelaron a más de 60 mujeres y las condenaron no solo a la privación de su libertad, sino también a la represión física y psicológica en las formas más humillantes, y muchas de ellas, al menos 59, fueron procesadas por los tribunales militares franquistas. Es importante destacar que algunos tipos de violencia, represión y persecución son difíciles de identificar, especialmente en el caso de las mujeres. En Hernani, aunque se han podido documentar muchos casos, está claro que hubo más casos de violencia que los que quedaron registrados en los archivos oficiales, porque los casos de represión sexual, en concreto, no quedan redactados en ningún caso en los documentos oficiales, lo cual es una muestra de la importancia de los testimonios orales y locales a la hora de sacar a la luz ese tipo de experiencias que suelen quedar en la sombra.
Los campos de concentración y los trabajos forzados también fueron herramientas de represión, y en esta investigación se ha identificado a 191 en esa categoría. Las cárceles y los campos de concentración se utilizaron como herramientas para la depuración física y psicológica de los enemigos del régimen, y muchos murieron a causa de sus deplorables condiciones, en el caso de Hernani al menos, que vieron terminar sus días en cárceles, campos de concentración y en batallones de trabajadores.
Hubo también muchos hernaniarras que terminaron en los campos de concentración de las playas de Francia. Tras la ocupación de Cataluña, llegaron unas 500.000 personas a las fronteras con Francia. Los refugiados se concentraron en las playas de Argeles-sur-Mer, Barcares y Saint Cyprien. Muchos vascos en Argeles-sur-Mer, incluidos los hernaniarras, se reunieron en Gernika-Berri, donde se pudieron organizar y ayudar mutuamente. En marzo de 1939 demarcaron el espacio denominado como Gurs a donde llevaron cerca de 15.000 refugiados. En esta investigación, se han identificado a 62 hernaniarras en campos de concentración del extranjero, y otras dos que murieron en los campos de exterminio de los nazis.
La represión económica fue fundamental para el establecimiento y el reforzamiento del poder del régimen franquista. En efecto, en el momento inmediatamente posterior a la ocupación empezó el proceso sistemático de incautación y apropiación de los bienes de los hernaniarras alineados con la República o de los que consideraban contrarios al nuevo régimen. En Hernani, la Comisión Provincial de Incautación de Bienes confiscó los bienes de 28 personas, y a otras, especialmente a las mujeres, les aplicaron sanciones económicas, sobre todo mediante la Fiscalía de Tasas. Cerca de 12 personas fueron juzgadas y castigadas, además, por el Tribunal de Responsabilidades Políticas.
Por otra parte, el objetivo de los procesos de depuración llevados a cabo por las autoridades franquistas era castigar a los trabajadores municipales por sus actitudes durante la República y la guerra, así como expulsar a los empleados públicos y funcionarios que no comulgaban con la ideología franquista. En el ámbito municipal castigaron a 16 trabajadores a consecuencia de esas medidas; en la Diputación Foral a 28, entre los que había 15 telefonistas y 11 miqueletes. Todos ellos fueron penalizados con procesos de depuración, lo cual afectó gravemente a su estabilidad laboral y personal. También iniciaron procesos de depuración a los maestros, a 14, en concreto, y al menos 4 de ellos fueron castigados. Por otra parte, cerca de 30 trabajadores del ferrocarril sufrieron represalias, pues se aplicó un patrón de acoso sistemático contra los trabajadores públicos de Hernani que no obedecían a las políticas franquistas.
A pesar de la violencia y la represión, la resistencia no desapareció nunca en su totalidad. En el caso de los hernaniarras cabe destacar el papel que desempeñaron los pasadores (mugalaris) y la red Comète junto con los maquis y otras organizaciones clandestinas en la lucha contra el régimen. Es más, además de esas formas de resistencia organizada, cabe destacar las resistencias cotidianas, desde las iniciativas simbólicas más pequeñas hasta las más vistosas: acciones de solidaridad, desobediencia, el uso del euskera o las reivindicaciones de justicia.
Mientras el régimen franquista dominaba y disciplinaba a los considerados “enemigos”, se formaba un relato sobre la guerra y los caídos en el bando sublevado. Uno de los pilares de esa memoria fueron los sublevados fallecidos, que fueron presentados como modelo a seguir, para lo cual se construyeron monumentos en su memoria, como el de Hernani. El silencio, sin embargo, no es sinónimo del olvido. Para algunas personas, mantener el silencio e intentar olvidar lo ocurrido fue una estrategia para intentar calmar el dolor y el terror sufridos; otras, en cambio, tuvieron que ocultar su verdad por temor a las represalias. En medio de ese silencio impuesto, también aparecieron señales de resistencia, ejercicios de resiliencia por la memoria, con homenajes a los fallecidos o con peticiones de información y justicia, y aunque esas manifestaciones fueran discretas o limitadas, fueron acciones de resistencia ante el olvido impuesto por el régimen. La mayoría de los testimonios de los hernaniarras recogen con exactitud lo que ocurrió durante aquel otoño y los años posteriores en el pueblo. Además, hubo diversos intentos, en plena dictadura, para recordar y homenajear de forma pública a los fusilados, como por ejemplo mediante ofrendas florales e inscripciones en el cementerio. Asimismo, hubo también resistencias por la memoria más llamativas, como por ejemplo una carta anónima dirigida al Gobernador Civil.
La historia de Hernani durante la Guerra Civil y el franquismo, además de ser una historia de represión y violencia, también es una historia de resiliencia, resistencia y dignidad, y la última frase de esa carta anónima refleja ese carácter:
«Haien memoria desagerraraziko zenuela uste al zenuen, haien gorputzak desagerrarazi dituzten bezala?» «¿Es que V. se creía que haría desaparecer su memoria como han hecho desaparecer sus cuerpos?[12]».
[1] Rodrigo, J., 2008.
[2] Íbidem.
[3] Benayas Sanchez, D., 2022.
[4] Casanova et al., 2002.
[5] Rodrigo, J., 2008.
[6] Babiano et al., 2018.
[7] Íbidem.
[8] Rodrigo, J., 2008.
[9] Babiano et al., 2018.
[10] Casanova et al., 2002.
[11] En 2022 el historiador Javier Buces Cabello publicó un libro que trabaja la historia de Hernani en el segundo franquismo. Véase: Buces Cabello, J., 2022..
[12] AIRMN, 1149/43. Sumarísimo de Urgencia.
