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Hernani y los hernaniarras
Antxon Agirre Sorondo, 1997

 

“YO, EL PUEBLO”

 

      El nombre de Hernani ha dado pie a muy diversas —y en ocasiones imaginativas— especulaciones etimológicas. Así, el cronista decimonónico Zuaznabar barruntaba que el sustantivo “Emani” podría derivar de diversas formas compuestas como “erria-ni” (yo quemada) en alusión a los muchos incendios que padeció, o bien “erria-ni” (yo, [el] pueblo), interpretación etimológicamente aceptable amén de sugerente, aunque resulta difícil desvelar quién o qué era esa entidad que en sus remotos orígenes medievales reivindicaba para sí la moderna condición de “pueblo”.

      El mismo autor señala también como plausible la forma “ernia-ni” (yo vigilante), por su posición sobre un cerro que domina la vega del Urumea. La cuarta disyuntiva sería, siempre según Zuaznabar, la de “er(ra)-na-ni”, llanura sobre subida áspera, etimología asimismo descriptiva de la ubicación de su casco[22]. El genealogista Modrobejo es de la teoría que el apellido “Hernani” es traducible por colina en llamas[23].

      Sea como sea, lo que nadie discute es que el nombre de Hernani se asocia universalmente al drama de Victor Hugo. Tras una estancia en Madrid, donde su padre servía como oficial del ejército de José Napoleón, en 1812 Victor, a la sazón de diez años de edad, en compañía de su madre y su hermano regresaba a Francia cuando la diligencia se detuvo en Hernani. Algo debió ver, sentir o intuir el futuro escritor en la villa para que su nombre le quedara tan profundamente grabado que muchos años después lo recuperó para dar título al personaje central de la pieza teatral Hernani o El honor castellano, que compuso a los 27 años de edad y en sólo ocho días. Estrenada en París en 1829, con esta obra nace el romanticismo teatral francés cuya eclosión supuso uno de los mayores escándalos de la historia de las letras; aquella primera representación pasó a la historia como “La batalla de Hernani”[24].

 

Detalle de pergamino de 1906 que trata sobre el escudo y armas de la villa.

 

      El segundo emblema que identifica a nuestra villa es su escudo. La descripción más antigua de las armas de Hernani la debemos al historiador Lope Martínez de Isasti en 1625[25]:

 

      “Tiene por armas las imperiales debajo del águila, y en particular un escudo verde con un castillo de plata con puertas y ventanas azules, y dos leones de oro lampantes y empinados al castillo, y una orla escacada de plata”.

 

      Don Luis Rubio y Gauga, rey de armas de la corona expidió un informe sobre pergamino en 1906 que hoy se conserva enmarcado en la alcaldía con las armas de la villa. El documento en cuestión costó 400 pts. de las de entonces.

      Por su parte, Serapio Múgica describe sucintamente nuestro escudo[26]:

 

      “Castillo de plata en campo verde, sostenido por dos leones rampantes”.

 

      El Pleno del Ayuntamiento del 28 de febrero de 1991 aprobó ciertas modificaciones sobre el escudo anterior, quedando así:

 

      “En campo de sinople, un castillo de plata y a ambos lados de éste sendos leones rampantes de oro”.

 

      Ya en 1997 se ha acordado además fijar los colores con un criterio más técnico, de forma que a partir de esta fecha los metales irán en oro y plata y los esmaltes en verde Pantone 355-C.

      Una de las primeras descripciones de Hernani se la debemos, una vez más, al lezotarra Lope Martínez de Isasti, quien en su Compendio historial de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa del año 1625 dice[27]:

 

      “La villa de Hernani está sita una legua grande de San Sebastián sobre el camino real: es muy antigua (...), cercada de muros de piedra con cinco portales; tiene doscientos vecinos: la iglesia de la advocación de San Juan Bautista, del patronazgo real, que ahora diez años pasando el Rey D. Felipe Tercero por esta villa á las entregas le concedió para sí en todo este tiempo; y tengo entendido que le ha hecho merced para otros diez años. Sírvese de un vicario y tres beneficiados; aún no está acabada la iglesia”.

 

      Además, incluye Lope Martínez una relación de casas solares de Hernani que son (excluidas las de Lasarte, que en aquellas calendas formaban parte de Hernani)[28]: la casa de Alcega, de don Pedro de Idiáquez, con asiento preeminente en la iglesia y tumba, Ereiñozu, Epela, Alcega, Orcolaga, Errazu, Sastia, Portuzaval, Ayerdi, Oaraiz, Luscando (casa donde se aposentó el rey Felipe III), Arrigurain, Echerreaga, Lopotsa, Eguzquiza y Marielus.

      Decía Domingo de Lizaso (nacido en Azpeitia en 1649) que la casa solar y palacio de Alcega —parientes mayores del bando oñacino, como ya vimos— es anterior a la propia Hernani, al punto que la plaza principal y la parroquia de San Juan Bautista se construyeron al amparo de la señorial mansión y en vecindad con ella. En tiempos del historiador guipuzcoano ya no quedaban vestigios, pues fue demolida por orden del rey Enrique IV en 1457[29].

 

Escudo de Hernani.

 

      Lo cierto es que la traza urbana de Hernani reunía las tres condiciones clásicas de toda villa medieval, según estableció el tratadista Renourd; a saber: que estuviera amurallada, que fuera residencia para autoridades, y cobijara una población con oficios y actividades complementarias unas de las otras.

      Primitivamente el casco de Hernani, situado en un montículo llano en el corazón del valle, era de planta cuadrilonga al igual que la mayor parte de las poblaciones de nuestra provincia, siguiendo pautas heredades del Bajo Imperio romano, tal como explicaba Julio Caro Baroja. Su longitud era de 44 m. de largo y su orientación este-oeste, es decir siguiendo la trayectoria del sol y al resguardo de los vientos del norte; esta disposición, como vimos, era compartida tanto por las villas medievales como por los antiguos dólmenes de montaña, los primeros templos cristianos o los enterramientos altomedievales.

 

Plano de Hernani con su fortificación 1838.

 

      En su condición de plaza de armas, Hernani estaba perfectamente murada y protegida por todos sus flancos, aunque el citado Zuaznabar informa que en 1831 estaba ya abierta “en la parte de la montaña de Santa Bárbara”. En aquellos mismos años le rodeaban cuatro arrabales, uno de ellos separado por una hermosa plaza que llamaban Nueva o Berna a la que daban dos portales de acceso al casco; el segundo arrabal estaba en el polo opuesto, saliendo por la puerta de la casa consistorial en el “camino a Madrid”; el tercero, paralelo y casi contiguo en el costado oriental (al este) que se extendía tanto como el pueblo, y el cuarto por debajo del anterior, a pies del pueblo y orillando el Urumea, en el paraje llamado Portuba o puerto[30].

      La citada Plaza Berria medía, en 1695, unos 15 m. de largo por 10 de ancho, como se deduce de las explicaciones que se ofrecen en el informe redactado por el Ayuntamiento contra el vecino Martín de Unanue, poseedor del “Vínculo y Mayorazgo de la casa de Oarrayz”, a quien se acusa de haber aumentado la huerta de su casa a costa de los terrenos de la plaza. Los peritos examinan y ponen nuevos mojones en la plaza, atestiguando que ésta medía 36 codos de ancho entre la muralla y la casa de Martín de Ayerdi y 25 U de ancho entre la muralla y la casa del Capitán Juan de Aristegui[31].

      Durante el medievo, casi todas las casas eran de madera, medianeras o apenas separadas por estrechos callizos, condiciones propicias para devastadores incendios, y de unos 12 m. de fondo por 8 de ancho. Por ello, la Hernani amurallada tenía capacidad para unos 215 solares. En principio los edificios se levantaban en dos plantas, una para servicios y cocina y la superior para vivienda familiar, pero con el paulatino crecimiento demográfico fueron haciéndose nuevos levantes[32].

      La convivencia familiar se desarrollaba en la cocina, que entonces tenían el hogar en el centro y cuyos muebles y enseres eran de madera. El tenedor aún no formaba parte del ajuar doméstico y sólo los varones adultos disponían de su propio cuchillo. La amplitud de las familias y lo reducido de las viviendas obligaba a compartirlo todo, incluidas las camas. Las ventanas exteriores, de reducido tamaño para protegerse del frío, apenas aportaban luz exterior ya que hasta la generalización del cristal se cerraban con madera, mientras que en palacios y casas-torre se empleaban telas enceradas.

      En la dieta de los hernaniarras de entonces abundaban las legumbres (lentejas y habas sobre todo) y hortalizas como la berza, la lechuga o el puerro; entre las frutas predominaba la manzana ya que además servía para la elaboración de la bebida más popular: la sidra (el vino estaba reservado a las clases pudientes). El pescado resultaba bastante asequible, mientras que cerdo y ave eran las carnes de consumo diario en combinación con los productos de la caza y el pastoreo. Para cocinar se empleaban grasas porcinas, puesto que el aceite “dulce” o de oliva era elemento suntuario. Cada familia se fabricaba su propio pan mezclando harinas de trigo, mijo y cebada, cuyos granos se llevaban a los molinos municipales.

      La estructura jerárquica de la sociedad medieval tenía su reflejo directo en nuestras calles, donde se exhibía públicamente la condición social de cada habitante. A ello contribuían los atuendos, variados de 1875.

      en su forma y enriquecidos en sus tejidos gracias al desarrollo del comercio. Con lana se confeccionan los paños, equivalentes a las actuales telas, mientras que el lino —habitualmente cultivado y tejido en cada casa— servía para las prendas interiores; sobre éstas iban otras más gruesas (jubón y calzas en los hombres, y corpiño y faldeta en la mujer), y recubriéndolo todo el sayo de una pieza en los varones, y sayuelo y falda en las féminas. Distintivo social de nobles, alto clero y burgueses eran los zapatos, mientras el común de los villanos iba descalzo o empleaba abarcas fabricadas en el hogar con pieles sin curtir. Todos los forasteros se admiraban ante los tocados de nuestras señoras, elevados sobre un armazón con tela de lino en formas extravagantes y que eran distintos y característicos de cada comarca, pero una Real Orden del 18 de abril de 1570 los prohibió por entender que eran obscenos (el lector interesado puede consultar el documento en el Archivo Municipal de Hernani)[33].

 

Consecuencias de la voladura del Ayuntamiento-Polvorín
el 16 de septiembre de 1875.

 

 

 

 

[22] J.V. Op. cit. p. 465.

[23] MODROBEJO, Endika de. Diccionario etimológico de apellidos vascos. Bilbao, 1987.

[24] BAEZA, Ricardo. La Batalla de Hernani. Librería del Prado. México, 1985.

[25] MARTINEZ DE ISASTI, Lope. Compendio Historial de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa. Reedición de La Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao, 1972, p. 527.

[26] MUGICA, Serapio. Op.cit., p. 763.

[27] MARTINEZ DE ISASTI, Lope. Op.cit., p. 527.

[28] Ibídem., p. 98.

[29] LIZASO, Domingo de. Nobiliario de los palacios, casa solares y linajes nobles de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa. Diputación Provincial de Guipúzcoa. San Sebastián, 1901, p. 120.

[30] J.V. Op.cit. pp. 465 ss.

[31] Archivo de Protocolos Guipuzcoanos de Oñati (A.P.O.). Secc. III Leg. 1.272, fol. 269.

[32] ARIZAGA ROLUMBURU, Beatriz Urbanística Medieval: Guipúzcoa. Kriselu. San Sebastián, 1990, pp. 61 ss.

[33] A.M.H. E/2/1/2.